viernes, 22 de julio de 2011

16.- De Acuerdo

Ellos estaban sentados en el gran jardín.
-Nos va a decir que no- dijo ella
-Lo mismo estoy pensando yo-
-Pero él me dijo que podía escoger a quien yo quisiera-
-Sí, pero no pensó que fueras a escoger a un trabajador de él-
-Él dijo que no importaba quien fuese-
-Pero se ha de sentir sumamente traicionado-
-El amor no es traición-
-Estás en toda la razón, hija- la voz del abuelo apareció detrás de ellos –el amor no es traición-
Los dos voltearon a ver al abuelo, se levantaron del pasto y como si fuesen un imán se tomaron de la mano.
-Yo he dicho que a quien tú elijas ese será, y lo sostengo. No estoy enojado, estoy sorprendido. Se aman y lo entiendo. Así que adelante, únanse como esposos, pero respétense, cuídense pero sobre todo ámense como hasta ahora- El abuelo se acercó a ellos y los abrazó –Bien, entonces preparemos su unión-
Uno, dos, tres meses.
-¿Tienes miedo?- le preguntó él
-No-
-¿Estás segura de esto?-
-Sí-
-Muy bien- él sonrió –Mañana como sabes no te puedo ver, pero te veré, seguro, al amanecer del segundo día-
-Sí- se quedaron ahí viendo como el atardecer se llevaba ese día, lo desaparecía en el horizonte.
-¿Me das un beso?-
-No cambias, pequeña-
-Nunca-
Ella se acercó y con dulzura juntó sus labios a los del hombre que en dos días sería suyo y a quien ella se entregaría.
Sintió la lengua de él pasearse por su boca acariciando sus labios, el sabor de su saliva era celestial, era un roce.
-Tienes que dejar de hacer eso- le dijo anonadada
-¿Por qué?-
-Me pones mal-
-¿En qué sentido?-
-Es como si deseara aún más que me tocaras, como el día del establo hace unos meses- dijo ella
-Calla, no hables de eso. Sabes que no tienes que expresarte así-
-Que sea así, no significa que así deba ser- dijo ella –Antes de casarme contigo quiero decir algo-
-Dímelo-
-Siempre hemos hablado de todo, todo el tiempo. No quiero que eso cambie. Yo te amo y te respetaré, pero que quede claro que no te voy a obedecer, soy una persona libre, no libre en el sentido de estar con otros hombres, soy libre y pienso y tomo decisiones y quiero aportar cosas a nuestra familia. No quiero que pienses que puedes pasar por encima de mí por ser hombre. Seré tu mujer, no tu esclava, seré tu esposa, no tu sirvienta. Seré tuya en cuerpo y alma pero no te pertenezco- le dijo
-Pequeña, nunca he dicho nada de eso, ni siquiera se me había ocurrido tal cosa-
-Solo quiero que estemos de acuerdo en que no vamos a perder nada de las cosas que hasta ahora hemos compartido. Hemos tenido confianza, hemos entregado nuestro amor, pero entiende que esto es un quipo, nos estamos transformando en las alas de un ave, si no funcionamos a la par, el ave cae y no quiero eso para nosotros.-
-Lo comprendo y estoy totalmente de acuerdo contigo, pequeña. No te preocupes que nada va a cambiar- 

15.- Alas

La tenía entre sus brazos
-¿Por qué puedo ver tus alas?- le preguntó ella
-¿Cómo qué puedes ver mis alas?- preguntó él algo confundido –Eso nunca antes ha pasado-
-Vi tus alas, lo prometo. Había destellos de pequeños brillos formando dos enormes y hermosas alas abiertas  unidas a tu espalda- le dijo
Él la miró confundido, se hundió en la miel dorada de sus ojos, trataba de ver sus alas en los ojos de ella.
-Las extrañas ¿No es así?-
Él volteó a ver al techo
-Sí, mucho-
-¿Me cambiarías por ellas?-
-¡No! ¡Nunca! No vuelvas a decir eso-
-¿Cómo sabes que nunca te dirán que tus alas regresarán si tú haces algo en contra mía?-
-Soy tú ángel de la guarda, mi juramento es protegerte, nunca podré dañarte, nunca, ni siquiera por un par de alas, no me interesan si no estás tú para compartirlas conmigo, no me interesan un par de alas-
-¿No extrañas volar?, ¿No extrañas sentir el aire sobre tu rostro? ¿Ver todo desde las alturas? ¿No extrañas ser invisible?-
-No, no extraño volar porque tú casa vez que estás cerca de mí me llevas al cielo, no extraño el viento sobre mi rostro, porque cuando tenía alas no tenía sentido del tacto, no extraño ver todo desde las alturas porque ahora poseo una maquina que vuela, y no, no extraño ser invisible, porque de seguir en mi calidad de ángel nunca hubiera visto esos hermosos ojos que tú tienes mirarme, amarme, guiarme, suplicarme, nunca los hubiera visto llorar, vivir y morir, porque aunque no lo creas en cada una de tus etapas has sido hermosa, aún cuando te tenga que perder con frecuencia, ha sido hermoso tenerte a mi lado, que me toques y me mires, poder sentirte, respirarte, tocarte, mirarte, hacer el amor. No me arrepiento de nada-
Ella sonrió y luego se estiró un poco para besar los labios del ángel.
El día llego.
Él abrió los ojos, la vio, era suya de nuevo, no había nada que fuera a cambiar aquello. Estaba ahí abrazada a su pecho, besó su cabello, lo comprendía, después de tantos años sus alas casi había desaparecido de su memoria y justo es ese momento se preguntó algo que nunca le había pasado por la cabeza ¿Cómo podía extrañar algo que  nunca había sentido? ¿Cómo podía extrañar algo que lo primero que le hizo sentir en su vida fue dolor? Porque eso fue lo primero que sintió teniendo sus alas, dolor, en el momento en que se desprendían de su cuerpo.
Se movió con lentitud para abrir un cajón, de la mesita de noche, que estaba junto a la cama.
Paseó la mano por una de las esquinas del cajón y ahí sintió la pequeña cajita de terciopelo, la tomó y con el dedo gordo la abrió.
Una hermosa piedra azul brilló, a cada lado de ella dos pequeños diamantes, y la plata fina y antigua unía a las piedras en un anillo.
Apoyó la cajita sobre su estomago, con cuidado de no tocar a la mujer que lo abrazaba para no despertarla.
Tomó el anillo y cerró la cajita.
La mano izquierda de su acompañante era la que reposaba en su pecho, el dedo corazón estaba vacío, pero eso pronto cambiaría.
La sortija adornó el fino dedo de la joven, después de que el ángel con cariño lo colocó, con suavidad, en el.
El terso roce de la piel de él, la despertó, sonrió. Paseó un poco la mano sobre el pecho del ángel y luego lo notó, había algo en su mano que la noche pasada, sin duda, no estaba.
Miró el aro que rodeaba su dedo corazón.
-¿Y esto?- Preguntó maravillada con su nuevo tesoro
-Ha sido tuyo mucho tiempo- respondió él
-¿Cada vez que muero me lo quitas y lo guardas esperando a que vuelva?-
-Pues planteándolo así, se escucha feo, pero sí, así es. Creo que es más valioso por el tiempo y los recuerdos que tiene que por lo que por el valor material que pueda tener-
-Me encanta- dijo ella y sonrió –Me pregunto ¿Qué procede ahora?-
-Pues iremos a ver a tu madre, para que diga lo que opina-
-¿Así tan rápido?-
-Es que creo que entre menos tiempo perdamos pues es mejor?- dijo él sonriendo
-De acuerdo entonces hagámoslo ya-
Ella saltó de la cama, él observó el escultural cuerpo de su amada, la alegría de ella.
-Tengo que cubrirme con algo- dijo ella
-Hay ropa que seguramente te queda en el closet- dijo
-¿De qué año?-
-No te preocupes cada tres años los renuevo por si tu regresas, así que tienes ropa nueva, es del año pasado-
Ella emocionada corrió al gran closet y ahí casi le pareció increíble la cantidad de ropa que había.
-¿Me puedo bañar?-
-Nos podemos bañar- afirmó él
El agua caliente cayó sobre sus cuerpos, jugaban, se enjabonaban, se besaban, paseaban con cariño las manos por el cuerpo del otro, se amaron.
La ropa interior que traía la noche pasada fue lo único que volvió a utilizar.
Luego se hizo una cola de caballo en su largo cabello y se volteó hacia él, que al igual que ella estaba listo para salir de la casa.
-¿Estás seguro de esto?-
-Tú no estás segura-
-Claro que lo estoy-
-Perfecto, ahora dime como llego a tu casa-

jueves, 21 de julio de 2011

14.- Es por Amor

-¡¿Acaso te volviste loca?!- le gritó cuando estuvieron solos en el establo
-No-
-¡¿A Arabia?! ¡¿En verdad?!-
-No- Ella respondía con mucha tranquilidad
-¡¿NO?!-
-No. En realidad, vamos a uno de los manantiales de mi abuelo-
-Ahora me has convencido de que sí enloqueciste-
-Será divertido.-
-No- dijo él. Pero entonces cometió un error, la miró, miró esos suplicantes ojos.
-Por favor di que sí-
-De acuerdo, iremos- se rindió
-Pero hay una cosa más-
-Padre de todo lo creado ¿Ahora qué querrá la niña?-
-Quiero ir en un solo caballo-
-Sabes que eso no se puede, es arriesgarnos a que nos vean, aparte tu abuelo notará que solo tomamos un caballo y ahí sin duda a mí me tomará de esclavo y a ti te castigará a latigazos-
Ella torció la boca, pero sabía que él tenía razón
-De acuerdo, dos caballos, entonces saldremos mañana temprano- Dijo ella y así, rápidamente se acercó a él para robarle un beso.
Cayeron sobre la paja.
Ella desfajó la camisa de él y pasó una mano por la tersa piel de él. La cicatriz fue tocada por la suave mano de la joven
Aquello lo enloqueció, se acomodó entre las piernas de ella y metió una mano entre sus faldas, la entrepierna de ella fue rozada por las yemas de los dedos de él, la acariciaba con cuidado, con dulzura.
Aquello estaba mal, le estaba marcando la vida con aquello, ella se estaba deshonrando con el hecho de amarlo. Pero ninguno de los dos parecía sentir culpa, en absoluto.
-Paremos- dijo él, tomando una gran bocanada de aire –Paremos-
-¿Por qué?-
-Porque esto no está bien. Pídele a tu abuelo que te case conmigo y después hablaremos de esto, no quiero romper leyes-
-Si eso quieres, eso haré- dijo ella
Él se separó de ella.
-Pero lo haré después de volver del manantial- dijo y se paró de la paja, se acomodó la falda y se marchó del establo.
Él se quedo ahí, tirado en la paja, con un brazo sobre los ojos, reviviendo lo que acababa de suceder.
Arabia, un mes de viaje, mas una semana de estadía, más un mes de viaje de regreso.
Se sentó de un golpe ¡¿Dos meses fuera de casa?! ¡Se había vuelto loca!
Lo peor de todo es que ni siquiera tenía planes reales de ir a Arabia, ¿Pensaba quedarse dos meses en el manantial de su abuelo? No era como que le preocupara que el abuelo fuera al manantial, esas tierras nunca las visitaba pero ¿Es que acaso ella estaba dispuesta a correr ese riesgo? Aparte de todo ¿Pensaba realmente decirle a su abuelo que se quería casar con él regresando de su alocada aventura?
-¿Qué estoy haciendo Padre?- preguntó tirándose de nuevo en el fajo de paja. Cerró los ojos
-Has escogido un alma rebelde para tu existencia, hijo. Has decidido amar a la locura y estar cerca de la pasión, fue tu decisión el día en que le regresaste la vida. No te arrepientas de amar, arrepiéntete de los pecados que puedas tener. Si la amas como dices no claudiques en el deseo. Será tu eterna musa, por lo tanto tendrás que conocerla y estar seguro de quien es ella-
Abrió los ojos y corrió a casa.
Ella estaba por entrar.
La tomó por el brazo y la jaló hacia adentro de la casa.
El abuelo estaba ahí sentado haciendo nada cuando los vio entrar a toda prisa y plantarse frente a él
-Ella ha tomado una decisión- dijo él
-¿A qué te refieres?- preguntó el abuelo
Ella lo miraba desesperada. No es que no quisiera decírselo al abuelo, es que le causaba terror y miedo hacerlo. Pero se encontró con los profundos ojos negros de su cuidador y eso la llenó de confianza. Volteó a ver a su abuelo.
-He decidido con quien me quiero casar- dijo, firme, segura, mirando a su abuelo directamente a los ojos.
-Dímelo ahora- exigió el hombre
-Me quiero casar con él- dijo señalando al joven que aún la tenía sujeta de la muñeca. –Me has dicho que puedo elegir a quien me plazca y él es quien me place, él es el hombre que quiero para hacer una familia- Terminó ella
El abuelo paso una, dos, tres veces la mirada de uno al otro y viceversa.
-¿Tú quieres lo mismo que ella?-
Pocas veces se les daba esa oportunidad a las mujeres y en pocas ocasiones se les preguntaba a los hombres si estaban de acuerdo con ello, aparte de que normalmente eran los hombres mayores lo que elegían a las mujeres más jóvenes.
-Sí señor, estoy de acuerdo-
El abuelo se levantó de donde estaba sentado y después caminó a su habitación sin decir una palabra más, pero sin embargo los volteó a ver un par de veces antes de perderse en el pasillo hacia su habitación.
-¿Por qué hiciste eso?- le dijo ella enojada
-Hay que hacer las cosas bien. Tú quieres estar conmigo tanto como yo quiero estar contigo, quieres besarme sin escondernos y poder estar juntos por las noches ¿No? Entonces hagámoslo del modo adecuado-
Ella lo miró, por un lado sabía que él tenía razón, pero por otro lado sabía que lo más seguro es que a su abuelo le estuviera dando un ataque de ira al saber aquello, se sentiría decepcionado, tal vez hasta deshonrado, se trataba prácticamente de sus dos hijos y ahora resultaba que se querían casa.
-¿Qué ha pasado?- preguntó su madre que bajaba las escaleras
-Nos queremos casar- dijo ella como si fuera la cosa más normal del mundo
-¡¿Cómo?!- su madre abrió muchísimo los ojos
-Queremos casarnos- dijo él, que aun sujetaba a la niña de la muñeca
-¿Por qué?- preguntó la mujer un poco extrañada
-Porque nos amamos- dijeron al mismo tiempo
Ellos se miraron y sonrieron.
-¿Se lo han dicho a tu abuelo?- preguntó la mujer viendo a su hija
-Si, hace unos segundos-
-Voy a verlo, seguramente ha de estar muy confundido- 

miércoles, 20 de julio de 2011

13.- Alas de Deseo

Ella llamó a su madre.
-Me quedaré con una amiga- le dijo
No iba a alejarse nunca más de él.
Era increíble como un solo día le había bastado para que él la convenciera de un gran amor, que aparte de todo ella sabía que sentía.
Su madre aceptó sin problemas.
-Tenemos muchos cuartos aquí donde te puedes quedar- dijo él –Algunos son enormes y otros no tanto, así puedes elegir el que te plazca, mi cuarto está en el segundo piso, en un momento te lo mostraré para que puedas llegar a él sin ningún problema, pues en alguna ocasión te perdiste en esta casa y no me gustaría que eso sucediera-
mientras caminaban por la casa él iba abriendo cada puerta, para mostrarle los cuartos y las habitaciones, estudios de música y pintura, era sin duda una casa única.
Subieron y llegaron al cuarto de él.
Abrió la puerta.
-Este es el mío- dijo dándole el paso a ella. –Puedes verlo, ya que en algún momento también fue tuyo-
Le pareció el más bonito que había visto. Era enorme, majestuoso.
Había varios cuadros pequeños, algunas pinturas, otras eran fotografías, viejas por supuesto, pero todas eran de ellos.
-Realmente nos encontramos siempre- dijo sorprendida
-Sí- aceptó
-Quiero este cuarto- dijo ella
-Mudaré mis cosas en un momento- dijo él
-Me refiero a que quiero quedarme contigo-
Él la miró
-No es la primera vez que me tientas de este modo-
-Tampoco va a ser la primera vez que me digas que no ¿verdad?-
-No- dijo él –Por supuesto que no será primera vez que logres un pecado en mí-
Ella se acercó rápidamente y con paso firme a él lo tomó por el cuello y lo acercó a su boca.
Con fuerza lo besó, ardiente tentación, fuego en la saliva, veneno que se extendía por sus entrañas, mordidas que llegaban al alma, su ropa rota caía al piso, habían vuelto harapos sus vestimentas. Las uñas de ella se enterraron en la espalda de él, él enredado en las caderas de ella, la fuerza, el impulso, el sudor y el calor llenaban la habitación. La arrastró a la cama, la envolvió en cobijas, las uñas de él se deslizaron en los brazos de ella, la quemaba por dentro, no podía con tanto, la música pasional llenó el lugar, el canto de una musa y la melodía de un ángel entrelazados en el placer.
Pasó una mano por la suave pierna de ella, su piel, siempre tan suave como sus blancas plumas que solo en una ocasión tuvo oportunidad de sentir. Sus claros ojos color miel dorada, que le daba sin duda el brillo para existir.
No podía arrepentirse de esto, nunca. La amaba y la iba a amar por siempre.
Eran sus profundos ojos negros los que le daban vida a un universo nuevo. Y de pronto como si fuesen destellos de pequeños brillos de luz dos hermosas alas se definieron en la espalda de él.
-Mírame- dijo él –Mírame-
Ella aparto la vista de aquellas hermosas alas que ya no existían y volvió a hundir en los ojos de él.
Desgarre de pasión y placer.
Una hermosa sirena plasmada en la voz y en el rostro de ella, le había robado lo que le quedaba de alma, si es que algo le quedaba de alma, si es que acaso algo le quedaba de espiritualidad y devoción hacia su Padre, estaba consciente que desde la primera vida de ella, había roto una regla, pero era inevitable no tenerla o no volverse de ella, su eterna manzana de la tentación, su eterno pecado y desborde de pasión.
¿Esto era lo que se había perdido durante sus años de vida en esta vida? Su piel blanca, tersa, su calor, su amor, sus cariñosas manos, el entrelace de sus cuerpos, verlo sudar de placer, la perfección de su cuerpo y ese hermoso destello de luz en su espalda.
El último impuso de fuerza sobre ella fue dado. El placer había llegado a su límite y el amor los había llevado al cielo.
-No necesito ir al cielo, si mi gloria eres tu- dijo él
Se abrazaron.
Ella se movió en las cobijas.
-Aléjate de mí- le dijo
-¿Qué? ¿Qué pasa?- preguntó él sin comprender
-Solo necesito espacio-
Él movió las cobijas
-No veas- le dijo ella
-Oye, oye, oye, tranquila, te prometo que esto es normal- le dijo
-Yo sé que es algo normal, pero me da mucha pena-
-No tiene porque darte pena, estoy acostumbrado-
Ella lo miró irritada.
-Ven, abrázame, a mí no me molesta ni me incomoda, ni nada-
Ella observó los hermosos ojos negros, se acercó a él.
-Espera- dijo él, buscó alrededor de la cama sus boxer´s
Entonces ella las vio, esas dos marcas en la espalda de él, casi formaban una V, de ahí nacían sus alas. Ella pasó una mano por una de las cicatrices.
Él se volteó, las pupilas las tenía dilatadas, ella retiró la mano, pero no supo descifrar la mirada de él.
-No hay nada que me cause más placer que eso- le dijo –Hasta ahora creo que es el segundo lugar más sensible de mi cuerpo- le explicó
-Lo siento- dijo ella
-No es un regaño, pequeña- Él sonrió –Te estoy simplemente diciendo lo que causas con ese pequeño roce en mi cuerpo- 

martes, 19 de julio de 2011

12.- Decisión

Tienes que casarte.
Ayudaba al abuelo con la mercancía, pero unos años después las cosas cambiaron.
Ella había crecido, casi tenia catorce y sentía curiosidad por salir a las calles, salir al bosque o a los manantiales que su abuelo poseía, algunos estaban lejos, pero eran de ellos, tenía tierras muy extensas, así que el abuelo por el bien de ella y su cuidado decidió que chico que había cuidado durante casi catorce años sería el cuidador de ella.
No les molestaba nada aquella decisión, pues cuando él no tenía trabajo y ella no estaba vigilada por su abuelo, por supuesto en la noche, se escabullían al establo para ver las estrellas, así que ahora podrían compartir más tiempo juntos.
La realidad era que estaban tan enamorados que no les importaba nada, más sin embargo nunca se lo había dicho, ser amigos, esa era la mejor opción, quizá decirlo más adelante, quizá.
Ese día él estaba tirado en el establo, el abuelo y la madre de ella habían salido a un viaje a Arabia, ha hacer algunas ventas.
Ella se acercaba lentamente a él, lo observaba con tentación, lo deseaba y quería que fuera suyo. Él tenía los ojos cerrados, pero aún así sabía que ella se acercaba, la olía, así de bien la conocía.
Al verse suficientemente  cerca de él, se aventó sobre él, y sin pensarlo unió sus labios a los de él.
La aventó hacia un bulto de paja.
Sabían que las personas se besaban, por supuesto, pero igual que todo eso también era la primera vez para los dos.
-¿Qué pasa?- preguntó ella que lo miraba desde el fajo de paja donde había caído.
-No creo que esto esté bien-
-¿Por qué no?-
-Pero somos casi como hermanos-
-Pero no lo somos. Aparte tú eres como lo único verdadero en mi vida. Y sé que tú me amas tanto como yo te amo a ti-
-Sí, te amo –dijo él –Solo que no estoy seguro de que esto sea una buena idea-
-Cuando hay amor, no hay pecado. Dijo ella
-¿Cómo lo sabes-
-Dios no castiga el amor, solo los errores que hay en él-
-Te amaré por siempre- dijo él –Te lo prometí antes y te lo prometo ahora-
-Y yo a ti- dijo ella
Y en el arranque de felicidad y emoción se aventó a los brazos de él y él la recibió gustoso. Cayeron de nuevo sobre la paja. Ella volvió a unir sus labios a los de él y ésta vez él respondió al cariño de ella.
Después de eso no se separaban para nada. El abuelo y la madre, acostumbrados a verlos juntos, no pusieron objeción a aquello. Los días pasaron, se convirtieron en meses y luego un año había pasado, siempre juntos, había logrado mantener desapercibida su relación, como dos buenos amigos, como custodio y resguardada, tan sencillo como eso.
Se sentaron a la mesa.
Era la hora de la comida y ella opto por el lugar vacío al lado de él.
El abuelo y la madre de ella se sentaron frente a ellos.
Ella pasó la mano debajo de la mesa y la acomodó en la rodilla de él, él la imitó y bajo la mano para que nadie los viera.
Entrelazó su mano con la mano de ella, ella se soltó del abrazo de la mano y puso la palma hacia arriba, él empezó a pasear sus dedos con suavidad en la palma de ella.
-Como saben- dijo él abuelo
Ellos separaron las manos
-Mañana es cumpleaños de la pequeña de esta casa. Por lo tanto tendremos una cena, ya que es un cumpleaños especial- el abuelo sonrió –Pronto tendremos que escogerte un esposo, para que empieces una vida de familia-
Ella forzó una sonrisa y él por debajo de la mesa apretó el puño, sabían que lo más posible es que ese día llegara, pero para ese entonces esperaban haber convencido al abuelo de que lo más sano era que los desposara a ellos, no por lo bienes que heredarían sino por el amor que se profesaban el uno al otro, ellos se miraron
>>algo tenemos que hacer<<
>>tenemos que solucionarlo<<
Eso era lo que decían sus miradas.
-Lo mejor será un hombre más grande que tú, que te de bienestar y seguridad, y…- el abuelo no pudo seguir, ella se exaltó
-¡Me niego! ¡No quiero!- espetó –No pueden casarme con quien ustedes digan- aquello iba contra las costumbres familiares, iba contra la sociedad en sí –Tengo derecho a amar a alguien y a que alguien me ame, no soy una de tus vacas, soy una persona-
-Siéntate- le dijo Él en voz baja, jalando un poco su falda hacia abajo.
-Dime entonces ¿Quién es aquel a quien quieres amar? – dijo el abuelo con fuerte y seria voz
>>Que se calle, que se calle<< suplicó él en el pensamiento
Ella se sentó
-Eso pensé, no reclames si no tienes algo lógico que objetar, te doy tres meses para que elijas un hombre para tu vida, porque no permitiré que mi nieta pase como una mujer sin marido- dijo el abuelo
-¿Puede ser quien yo quiera?- preguntó
-Quien tú quieras, rico o pobre, flaco o gordo, alto o bajo, moro o blanco, no me importa, solo elijé alguien a quien tú crees amar. Pero una cosa si te digo, una vez tomada tu decisión no hay cambios, con él te casarás y tendrás que someterte a lo que sea mi voluntad- El abuelo terminó y entonces ella solo lo miró
-No quiero la cena de mañana- dijo
-Eso no te lo permitiré, no hay otros planes hechos- dijo el abuelo
-¿Cómo sabes que no hay planes hechos si no me lo has preguntado?- espetó ella
-Bien y que planes tienes-
-Iré a Arabia a comprar vestidos- dijo ella
-Pues en ese caso él tendrá que acompañarte- dijo el abuelo señalando a su cuidador de costumbre
Él la miró
-De acuerdo- aceptó ella

11.- Tu Dios

-¿No te aburres de conquistarme? ¿No te aburres de tenerme que explicar una y otra vez esto? ¿No te aburres que siempre sea yo? ¿No te gustaría enamorarte de alguien más?-
-No, no me aburró de conquistarte, tampoco me canso de explicarte una y otra vez como pasó todo, porque me encanta recordar como llegaste tú en realidad a mi vida y como me has permitido estar contigo en cada una de las tuyas, tampoco me canso de que seas tú, me encanta tu personalidad, tu libertad, la manera en la que piensas, en como amas, me encanta tu pasión, tu locura, tu aventura, toda tú y creo que con esto contesto tu última pregunta, no, no me gustaría enamorarme de nadie más que de ti, no importa cuánto tiempo tenga que esperar por ti, no importa cuánto tiempo pase para volver a verte porque me queda claro que desde el momento en que naciste yo te escogí para mi existencia y sé que de algún modo tú también me escogiste a mí- le respondió él
-¿Con qué derecho tu Dios nos castiga de este modo?- espetó furiosa
-Por el simple hecho de ser Dios, pequeña, simplemente por eso. Es dueño de nosotros, de nuestro, mundo es el Creador de todo cuanto hay sobre la tierra, de todo lo que hay en el universo. Y no creo, con todo respeto, que estés en la mejor posición para reclamar- Y justo en ese momento, después de que él habló de forma tan severa, ella guardó silencio.
Se miraron, en silencio.
-¿Y ahora? ¿Qué procede?- dijo al fin ella
-Pues no sé todo depende de lo que quieras hacer tú-
-Tengo un día de conocerte-
-Y yo más de un milenio- dijo él
-Que ironía-
-Estos son los momentos donde mi vida tiene sentido. He de decirte que ha pasado todo esto en un día, normalmente nos lleva más tiempo, tú te reservabas mucho y tardábamos algún tiempo en tenernos mucha confianza, en volvernos buenos amigos o en que tuvieras la curiosidad al tope como para seguirme a donde fuera. Pero por lo visto estos tiempos son otros y creo que eso te puede hacer tener una mayor capacidad de conocimiento ó al menos liberarte más fácil y dejar salir tus arranques de locura que normalmente te traen a mí-
Ella lo miró
-¿Por qué me amas tanto?- preguntó ella
-Ya te lo dije- la miró profundamente -¿Tu no me amas a mí? O ¿No crees poder amarme? Ó ¿Es que en esta vida no te gusto?-
-Si me gustas, mucho, pero ¿Cómo sabes que algo de un día puede funcionar?-
-Porque esto no es cuestión de un día, entiéndeme, tal vez para ti sí, pero yo te amo hace mucho y es frustrante verte por ahí perdiendo el tiempo, cuando para mí cada segundo a tu lado es lo más valioso que puedo tener, ¿Qué no estás dispuesta a hacer una locura por amor?- dijo
Ella sintió un vuelco en el corazón ¿a qué clase de locura se refería? ¿Amor?
Miró los oscuros y profundos ojos negros de él, y entonces encontró en ella la mayor locura, de verdad lo amaba, lo amaba desenfrenadamente.
-¿Qué quieres que haga?- dijo ella dispuesta a darle lo que fuera
-Quiero que nos casemos-
Ella sonrió.

lunes, 18 de julio de 2011

10.- La verdad

Entraron en la casa.
Era hermosa tanto por fuera como por dentro
-ven te pondré un poco de hielo en la cabeza y te prepararé un té-
-Parece que me conocieras hace mucho-
-Soy un poco perceptivo. Acompáñame-
La guió por un largo pasillo lleno de cuadros y fotografías, algunas ya muy viejas, otras no tanto. Y entonces una llamó su atención era una joven, un tanto más grande que ella, quizá como de la edad de él. Era hermosa con enormes ojos y facciones hermosas, estaba sonriente, por supuesto al lado de él y al voltear hacia el lado contrario de la pared se topo con un espejo, y su mirada se recorrió el rostro, volteó desesperada, confundida y asustada a ver nuevamente la fotografía, dio dos pasos hacia atrás. ¡Ella! ¡Era imposible, increíble, incomprensible!
-¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? ¿Quién soy yo?- exclamó alterada
Él volteó a verla, suplicaba comprensión con la mirada
-Cálmate, te lo voy a explicar- dijo con suavidad, extendió los brazos hacia ella y movía lentamente las manos de arriba abajo.
Ella no dudaba en confiar de él, eso era lo más complicado de todo, le aterraba pero no sentía desconfianza.
Él le extendió una mano.
-Ven, te aseguro no te causaré ningún mal-
-Lo sé- dijo ella y tomó su mano
La condujo a la cocina y ahí le ofreció una silla que ella sin dudar tomó
-No conocimos mucho tiempo atrás, más del que tú te imaginas.- dijo mientras ponía una tetera sobre la estufa. –Te vi nacer, crecer, vivir, disfrutar, reproducirte y luego –tragó saliva –te vi morir-
Ella no tenía palabras así que lo dejó continuar
-Era el año 500 después de Cristo. Tu Abuelo era un mercader, muy rico. Tu madre era una mujer a la cual tu padre había dejado, no porque quisiera, sino porque un hombre lo apuñaló en el mercado grande. Eras una niña hermosa, de piel suave y cabellos oscuros, ojos grandes color miel dorada, siempre quise creer que la suavidad de tu piel te lo había heredado yo, cuando te di la vida-
Ella tuvo el impulso de pararse de la silla, pero se mantuvo en su lugar. Nunca se había sentido completamente normal, era como si conociera demasiado de la vida sin haberla conocido antes
Así le contó cómo había llegado por primera vez a este mundo, muerta, y como él había dado la vida misma.
Le explicó como al principio el estaba tan sumamente confundido, pero con el tiempo conforme ella fue creciendo él fue adquiriendo o un sentido para su vida, como el espíritu de ella siempre había sido más libre y expresivo de lo que se le tenía permitido en algunos tiempos, lo difícil que le había parecido darse cuenta que él nunca iba a morir, cuan doloroso había sido notar que le iba a tocar verla morir cada cierto tiempo. Omitió algunas cosas que, él consideró, no eran el tiempo para contárselas, quizá más adelante, quizá solo si ella vivía lo suficiente, pues no estaba muy seguro de que tan larga sería esta vida de ella.
Para cuando más o menos terminó, por cuestiones de quitar uno que otro hecho, ya había oscurecido.
-¿Y bien?- preguntó él
-No sé qué decirte-
-¿Me crees?-
-Sí, claro que lo hago, solo necesito un poco de tiempo para procesarlo-
Se quedaron en silencio.
Ella volteó a ver su tasa, estaba vacía. Se había tomado, como mínimo 25 tazas de té y dos o tres de café, el no había negado nada para tomar.
-Entonces, nos hemos casado como mínimo 4 veces, tú eres un ángel caído y yo una semi-inmortal, siempre nos encontramos en diferentes lugares, en diferentes ciudades, en diferentes países y continentes, pero siempre el mismo mes y el mismo número de día, siempre tengo la misma edad, pero no sabes cuándo puedo morir en poco tiempo ó en mucho y que en este momento no sabes cuánto tiempo me queda de vida. – dijo ella tratando de resumir la situación. -¿No estás enojado con Dios por esto? ¿No deberías estar furioso por haberte castigado? ¿No deberías odiarlo por no dejarnos descansar a ninguno de los dos? ¿Cómo nos puede hacer algo así? Ni a ti te deja vivir tranquilo, ni a mí me deja descansar en realidad, te lastima haciéndote verme, tenerme y perderme. Osea ni nos hace inmortales a los dos, ni nos mata juntos, no lo logro comprender. ¿Cómo es posible que aquel a quien llaman  el todo Justo, el Omnipotente sea capaz de hacernos algo así? ¿Cómo es posible que nos mantenga condenados de esta manera? Que te haga sufrir de este modo, que yo tenga que enterarme de esto, pero saber que estoy condenada a perderte, tarde o temprano te apartarás de mi lado o, que más bien, yo me apartaré de ti-
-Pequeña, en todo caso de querer culpar a alguien, deberías culparme a mí. Yo no sabía bajo qué condiciones tenía que cuidarte, no sabía bajo qué condiciones debía acercarme a ti, nunca había sido un ángel guardián, no sabía que no tenía permitido darte vida- dijo él
-Pues no se supone que de ser el Todo Sabio, Él debía de saber que eso iba a ocurrir, debía de saber que tú ibas a caer en un error, Él te quería condenar a esto ¿no lo entiendes?-
-Nunca me habías respondido de ese modo, quizá tengas razón, pero Él habrá tenido sus razones para esto ¿Cuántas personas no quisieran vivir lo que nosotros? Poder encontrarse una y otra vez, vivir su amor por siempre. No voy a dudar de Él, lo siento, pero es que algún propósito debe de tener para nosotros, y si no tenemos un propósito, entonces nos está regalando la oportunidad de vivir mil veces lo que sentimos-