Ellos estaban sentados en el gran jardín.
-Nos va a decir que no- dijo ella
-Lo mismo estoy pensando yo-
-Pero él me dijo que podía escoger a quien yo quisiera-
-Sí, pero no pensó que fueras a escoger a un trabajador de él-
-Él dijo que no importaba quien fuese-
-Pero se ha de sentir sumamente traicionado-
-El amor no es traición-
-Estás en toda la razón, hija- la voz del abuelo apareció detrás de ellos –el amor no es traición-
Los dos voltearon a ver al abuelo, se levantaron del pasto y como si fuesen un imán se tomaron de la mano.
-Yo he dicho que a quien tú elijas ese será, y lo sostengo. No estoy enojado, estoy sorprendido. Se aman y lo entiendo. Así que adelante, únanse como esposos, pero respétense, cuídense pero sobre todo ámense como hasta ahora- El abuelo se acercó a ellos y los abrazó –Bien, entonces preparemos su unión-
Uno, dos, tres meses.
-¿Tienes miedo?- le preguntó él
-No-
-¿Estás segura de esto?-
-Sí-
-Muy bien- él sonrió –Mañana como sabes no te puedo ver, pero te veré, seguro, al amanecer del segundo día-
-Sí- se quedaron ahí viendo como el atardecer se llevaba ese día, lo desaparecía en el horizonte.
-¿Me das un beso?-
-No cambias, pequeña-
-Nunca-
Ella se acercó y con dulzura juntó sus labios a los del hombre que en dos días sería suyo y a quien ella se entregaría.
Sintió la lengua de él pasearse por su boca acariciando sus labios, el sabor de su saliva era celestial, era un roce.
-Tienes que dejar de hacer eso- le dijo anonadada
-¿Por qué?-
-Me pones mal-
-¿En qué sentido?-
-Es como si deseara aún más que me tocaras, como el día del establo hace unos meses- dijo ella
-Calla, no hables de eso. Sabes que no tienes que expresarte así-
-Que sea así, no significa que así deba ser- dijo ella –Antes de casarme contigo quiero decir algo-
-Dímelo-
-Siempre hemos hablado de todo, todo el tiempo. No quiero que eso cambie. Yo te amo y te respetaré, pero que quede claro que no te voy a obedecer, soy una persona libre, no libre en el sentido de estar con otros hombres, soy libre y pienso y tomo decisiones y quiero aportar cosas a nuestra familia. No quiero que pienses que puedes pasar por encima de mí por ser hombre. Seré tu mujer, no tu esclava, seré tu esposa, no tu sirvienta. Seré tuya en cuerpo y alma pero no te pertenezco- le dijo
-Pequeña, nunca he dicho nada de eso, ni siquiera se me había ocurrido tal cosa-
-Solo quiero que estemos de acuerdo en que no vamos a perder nada de las cosas que hasta ahora hemos compartido. Hemos tenido confianza, hemos entregado nuestro amor, pero entiende que esto es un quipo, nos estamos transformando en las alas de un ave, si no funcionamos a la par, el ave cae y no quiero eso para nosotros.-
-Lo comprendo y estoy totalmente de acuerdo contigo, pequeña. No te preocupes que nada va a cambiar-
-Nos va a decir que no- dijo ella
-Lo mismo estoy pensando yo-
-Pero él me dijo que podía escoger a quien yo quisiera-
-Sí, pero no pensó que fueras a escoger a un trabajador de él-
-Él dijo que no importaba quien fuese-
-Pero se ha de sentir sumamente traicionado-
-El amor no es traición-
-Estás en toda la razón, hija- la voz del abuelo apareció detrás de ellos –el amor no es traición-
Los dos voltearon a ver al abuelo, se levantaron del pasto y como si fuesen un imán se tomaron de la mano.
-Yo he dicho que a quien tú elijas ese será, y lo sostengo. No estoy enojado, estoy sorprendido. Se aman y lo entiendo. Así que adelante, únanse como esposos, pero respétense, cuídense pero sobre todo ámense como hasta ahora- El abuelo se acercó a ellos y los abrazó –Bien, entonces preparemos su unión-
Uno, dos, tres meses.
-¿Tienes miedo?- le preguntó él
-No-
-¿Estás segura de esto?-
-Sí-
-Muy bien- él sonrió –Mañana como sabes no te puedo ver, pero te veré, seguro, al amanecer del segundo día-
-Sí- se quedaron ahí viendo como el atardecer se llevaba ese día, lo desaparecía en el horizonte.
-¿Me das un beso?-
-No cambias, pequeña-
-Nunca-
Ella se acercó y con dulzura juntó sus labios a los del hombre que en dos días sería suyo y a quien ella se entregaría.
Sintió la lengua de él pasearse por su boca acariciando sus labios, el sabor de su saliva era celestial, era un roce.
-Tienes que dejar de hacer eso- le dijo anonadada
-¿Por qué?-
-Me pones mal-
-¿En qué sentido?-
-Es como si deseara aún más que me tocaras, como el día del establo hace unos meses- dijo ella
-Calla, no hables de eso. Sabes que no tienes que expresarte así-
-Que sea así, no significa que así deba ser- dijo ella –Antes de casarme contigo quiero decir algo-
-Dímelo-
-Siempre hemos hablado de todo, todo el tiempo. No quiero que eso cambie. Yo te amo y te respetaré, pero que quede claro que no te voy a obedecer, soy una persona libre, no libre en el sentido de estar con otros hombres, soy libre y pienso y tomo decisiones y quiero aportar cosas a nuestra familia. No quiero que pienses que puedes pasar por encima de mí por ser hombre. Seré tu mujer, no tu esclava, seré tu esposa, no tu sirvienta. Seré tuya en cuerpo y alma pero no te pertenezco- le dijo
-Pequeña, nunca he dicho nada de eso, ni siquiera se me había ocurrido tal cosa-
-Solo quiero que estemos de acuerdo en que no vamos a perder nada de las cosas que hasta ahora hemos compartido. Hemos tenido confianza, hemos entregado nuestro amor, pero entiende que esto es un quipo, nos estamos transformando en las alas de un ave, si no funcionamos a la par, el ave cae y no quiero eso para nosotros.-
-Lo comprendo y estoy totalmente de acuerdo contigo, pequeña. No te preocupes que nada va a cambiar-