La desdicha del otro era la felicidad de ambos, pero existian momentos en los que compartian la felicidad, pero eso solo ocurria muy de vez en cuando...
Entonces èl se abalanzo contra ella, querìa matarla, hacerle daño, lastimarla hasta marcarle el alma. Por su culpa él no podía vivir en paz, por su culpa pasaba las horas imaginándola, ya fuese viva o muerta, por su culpa pasaba las horas encontrando su aroma en cada rincón de la habitación, había dejado de existir él mismo y se había convertido en un hombre obsesionado con la muerte y el amor de ella.
Ella sabía perfectamente que todo lo que él buscaba era lastimarla, lo odiaba, existían los peores rencores, pero no quería afrontar la realidad... Sabía que el corazón de él ya no estaba con ella, que ya sus manos nunca la buscarían, que aquello que les unía el alma ya no existía, estaba desesperada dándose cuenta que ya nunca lo enamoraría, desesperada, dándose cuenta que a pesar de su calor él seguía teniendo frío. Así que ahora lo mataría, acabaría con el motivo de su desdicha. Lo vio sonreírle desde su cama, llamándola a amarlo, lo vio sonreirle, pero lo ignoro, camino hacia su pequeño buró y de ahí saco el hermoso revolver de plata que hacia años había dejado de cargar.
Y entonces con el cuello de ella entre sus manos blancas recordó aquello que había dejado atrás, un revolver debajo de su colchón, ahí lo había abandonado por seguridad de él mismo, con eso acabaría con ella... Solo tenia que dejar de dudar.
Se acomodaron el chaleco y el cinturón adecuado para enfundar la hermosa arma.
Amaneció. Era el momento.
Ella llego a la escuela y entró en un salón del cuarto piso, se sentó en un silla a esperar el momento en que lo viera pasar.
Él entró en el colegio, paso una mano por dentro de su chamarra, sintiendo el revolver que llevaba a sus espaldas. Preguntó por ella, le respondieron que se encontraba en el ultimo piso.
Subió y entro en el salón.
La vio sentada, cerro la puerta tras de èl. Ella lo miraba fijamente.
-¿ Qué buscas aquí?- pregunto ella
-A ti- respondió él
-Vienes a matarme- aseguró ella
-Quizá vengo a que tú me mates a mí-
-Ayer nos amábamos- dijo ella
-Ayer ya no existe- dijo él
-Podemos hacer un mañana- Aseguró ella
Aunque sabía que aquello era imposible, no funcionaría, él se negaría a aquello pues lo había intentado de mil maneras en el pasado .
-Mañana podría estar muerto- respondió él
-Morirías sabiendo que me amaste, que te ame- dijo ella
-Nos odiamos, es algo que no vamos a cambiar- aseguró él
Ella se levantó de la silla donde estaba sentada y caminó hacia él.
Se hundieron en la mirada del otro y la mano derecha de cada uno se dirigió lentamente al revolver guardado a sus espaldas, sujetaron con fuerza el arma y entonces se alejaron y como si hubieran estado de acuerdo se apuntaron.
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