viernes, 22 de julio de 2011

16.- De Acuerdo

Ellos estaban sentados en el gran jardín.
-Nos va a decir que no- dijo ella
-Lo mismo estoy pensando yo-
-Pero él me dijo que podía escoger a quien yo quisiera-
-Sí, pero no pensó que fueras a escoger a un trabajador de él-
-Él dijo que no importaba quien fuese-
-Pero se ha de sentir sumamente traicionado-
-El amor no es traición-
-Estás en toda la razón, hija- la voz del abuelo apareció detrás de ellos –el amor no es traición-
Los dos voltearon a ver al abuelo, se levantaron del pasto y como si fuesen un imán se tomaron de la mano.
-Yo he dicho que a quien tú elijas ese será, y lo sostengo. No estoy enojado, estoy sorprendido. Se aman y lo entiendo. Así que adelante, únanse como esposos, pero respétense, cuídense pero sobre todo ámense como hasta ahora- El abuelo se acercó a ellos y los abrazó –Bien, entonces preparemos su unión-
Uno, dos, tres meses.
-¿Tienes miedo?- le preguntó él
-No-
-¿Estás segura de esto?-
-Sí-
-Muy bien- él sonrió –Mañana como sabes no te puedo ver, pero te veré, seguro, al amanecer del segundo día-
-Sí- se quedaron ahí viendo como el atardecer se llevaba ese día, lo desaparecía en el horizonte.
-¿Me das un beso?-
-No cambias, pequeña-
-Nunca-
Ella se acercó y con dulzura juntó sus labios a los del hombre que en dos días sería suyo y a quien ella se entregaría.
Sintió la lengua de él pasearse por su boca acariciando sus labios, el sabor de su saliva era celestial, era un roce.
-Tienes que dejar de hacer eso- le dijo anonadada
-¿Por qué?-
-Me pones mal-
-¿En qué sentido?-
-Es como si deseara aún más que me tocaras, como el día del establo hace unos meses- dijo ella
-Calla, no hables de eso. Sabes que no tienes que expresarte así-
-Que sea así, no significa que así deba ser- dijo ella –Antes de casarme contigo quiero decir algo-
-Dímelo-
-Siempre hemos hablado de todo, todo el tiempo. No quiero que eso cambie. Yo te amo y te respetaré, pero que quede claro que no te voy a obedecer, soy una persona libre, no libre en el sentido de estar con otros hombres, soy libre y pienso y tomo decisiones y quiero aportar cosas a nuestra familia. No quiero que pienses que puedes pasar por encima de mí por ser hombre. Seré tu mujer, no tu esclava, seré tu esposa, no tu sirvienta. Seré tuya en cuerpo y alma pero no te pertenezco- le dijo
-Pequeña, nunca he dicho nada de eso, ni siquiera se me había ocurrido tal cosa-
-Solo quiero que estemos de acuerdo en que no vamos a perder nada de las cosas que hasta ahora hemos compartido. Hemos tenido confianza, hemos entregado nuestro amor, pero entiende que esto es un quipo, nos estamos transformando en las alas de un ave, si no funcionamos a la par, el ave cae y no quiero eso para nosotros.-
-Lo comprendo y estoy totalmente de acuerdo contigo, pequeña. No te preocupes que nada va a cambiar- 

15.- Alas

La tenía entre sus brazos
-¿Por qué puedo ver tus alas?- le preguntó ella
-¿Cómo qué puedes ver mis alas?- preguntó él algo confundido –Eso nunca antes ha pasado-
-Vi tus alas, lo prometo. Había destellos de pequeños brillos formando dos enormes y hermosas alas abiertas  unidas a tu espalda- le dijo
Él la miró confundido, se hundió en la miel dorada de sus ojos, trataba de ver sus alas en los ojos de ella.
-Las extrañas ¿No es así?-
Él volteó a ver al techo
-Sí, mucho-
-¿Me cambiarías por ellas?-
-¡No! ¡Nunca! No vuelvas a decir eso-
-¿Cómo sabes que nunca te dirán que tus alas regresarán si tú haces algo en contra mía?-
-Soy tú ángel de la guarda, mi juramento es protegerte, nunca podré dañarte, nunca, ni siquiera por un par de alas, no me interesan si no estás tú para compartirlas conmigo, no me interesan un par de alas-
-¿No extrañas volar?, ¿No extrañas sentir el aire sobre tu rostro? ¿Ver todo desde las alturas? ¿No extrañas ser invisible?-
-No, no extraño volar porque tú casa vez que estás cerca de mí me llevas al cielo, no extraño el viento sobre mi rostro, porque cuando tenía alas no tenía sentido del tacto, no extraño ver todo desde las alturas porque ahora poseo una maquina que vuela, y no, no extraño ser invisible, porque de seguir en mi calidad de ángel nunca hubiera visto esos hermosos ojos que tú tienes mirarme, amarme, guiarme, suplicarme, nunca los hubiera visto llorar, vivir y morir, porque aunque no lo creas en cada una de tus etapas has sido hermosa, aún cuando te tenga que perder con frecuencia, ha sido hermoso tenerte a mi lado, que me toques y me mires, poder sentirte, respirarte, tocarte, mirarte, hacer el amor. No me arrepiento de nada-
Ella sonrió y luego se estiró un poco para besar los labios del ángel.
El día llego.
Él abrió los ojos, la vio, era suya de nuevo, no había nada que fuera a cambiar aquello. Estaba ahí abrazada a su pecho, besó su cabello, lo comprendía, después de tantos años sus alas casi había desaparecido de su memoria y justo es ese momento se preguntó algo que nunca le había pasado por la cabeza ¿Cómo podía extrañar algo que  nunca había sentido? ¿Cómo podía extrañar algo que lo primero que le hizo sentir en su vida fue dolor? Porque eso fue lo primero que sintió teniendo sus alas, dolor, en el momento en que se desprendían de su cuerpo.
Se movió con lentitud para abrir un cajón, de la mesita de noche, que estaba junto a la cama.
Paseó la mano por una de las esquinas del cajón y ahí sintió la pequeña cajita de terciopelo, la tomó y con el dedo gordo la abrió.
Una hermosa piedra azul brilló, a cada lado de ella dos pequeños diamantes, y la plata fina y antigua unía a las piedras en un anillo.
Apoyó la cajita sobre su estomago, con cuidado de no tocar a la mujer que lo abrazaba para no despertarla.
Tomó el anillo y cerró la cajita.
La mano izquierda de su acompañante era la que reposaba en su pecho, el dedo corazón estaba vacío, pero eso pronto cambiaría.
La sortija adornó el fino dedo de la joven, después de que el ángel con cariño lo colocó, con suavidad, en el.
El terso roce de la piel de él, la despertó, sonrió. Paseó un poco la mano sobre el pecho del ángel y luego lo notó, había algo en su mano que la noche pasada, sin duda, no estaba.
Miró el aro que rodeaba su dedo corazón.
-¿Y esto?- Preguntó maravillada con su nuevo tesoro
-Ha sido tuyo mucho tiempo- respondió él
-¿Cada vez que muero me lo quitas y lo guardas esperando a que vuelva?-
-Pues planteándolo así, se escucha feo, pero sí, así es. Creo que es más valioso por el tiempo y los recuerdos que tiene que por lo que por el valor material que pueda tener-
-Me encanta- dijo ella y sonrió –Me pregunto ¿Qué procede ahora?-
-Pues iremos a ver a tu madre, para que diga lo que opina-
-¿Así tan rápido?-
-Es que creo que entre menos tiempo perdamos pues es mejor?- dijo él sonriendo
-De acuerdo entonces hagámoslo ya-
Ella saltó de la cama, él observó el escultural cuerpo de su amada, la alegría de ella.
-Tengo que cubrirme con algo- dijo ella
-Hay ropa que seguramente te queda en el closet- dijo
-¿De qué año?-
-No te preocupes cada tres años los renuevo por si tu regresas, así que tienes ropa nueva, es del año pasado-
Ella emocionada corrió al gran closet y ahí casi le pareció increíble la cantidad de ropa que había.
-¿Me puedo bañar?-
-Nos podemos bañar- afirmó él
El agua caliente cayó sobre sus cuerpos, jugaban, se enjabonaban, se besaban, paseaban con cariño las manos por el cuerpo del otro, se amaron.
La ropa interior que traía la noche pasada fue lo único que volvió a utilizar.
Luego se hizo una cola de caballo en su largo cabello y se volteó hacia él, que al igual que ella estaba listo para salir de la casa.
-¿Estás seguro de esto?-
-Tú no estás segura-
-Claro que lo estoy-
-Perfecto, ahora dime como llego a tu casa-

jueves, 21 de julio de 2011

14.- Es por Amor

-¡¿Acaso te volviste loca?!- le gritó cuando estuvieron solos en el establo
-No-
-¡¿A Arabia?! ¡¿En verdad?!-
-No- Ella respondía con mucha tranquilidad
-¡¿NO?!-
-No. En realidad, vamos a uno de los manantiales de mi abuelo-
-Ahora me has convencido de que sí enloqueciste-
-Será divertido.-
-No- dijo él. Pero entonces cometió un error, la miró, miró esos suplicantes ojos.
-Por favor di que sí-
-De acuerdo, iremos- se rindió
-Pero hay una cosa más-
-Padre de todo lo creado ¿Ahora qué querrá la niña?-
-Quiero ir en un solo caballo-
-Sabes que eso no se puede, es arriesgarnos a que nos vean, aparte tu abuelo notará que solo tomamos un caballo y ahí sin duda a mí me tomará de esclavo y a ti te castigará a latigazos-
Ella torció la boca, pero sabía que él tenía razón
-De acuerdo, dos caballos, entonces saldremos mañana temprano- Dijo ella y así, rápidamente se acercó a él para robarle un beso.
Cayeron sobre la paja.
Ella desfajó la camisa de él y pasó una mano por la tersa piel de él. La cicatriz fue tocada por la suave mano de la joven
Aquello lo enloqueció, se acomodó entre las piernas de ella y metió una mano entre sus faldas, la entrepierna de ella fue rozada por las yemas de los dedos de él, la acariciaba con cuidado, con dulzura.
Aquello estaba mal, le estaba marcando la vida con aquello, ella se estaba deshonrando con el hecho de amarlo. Pero ninguno de los dos parecía sentir culpa, en absoluto.
-Paremos- dijo él, tomando una gran bocanada de aire –Paremos-
-¿Por qué?-
-Porque esto no está bien. Pídele a tu abuelo que te case conmigo y después hablaremos de esto, no quiero romper leyes-
-Si eso quieres, eso haré- dijo ella
Él se separó de ella.
-Pero lo haré después de volver del manantial- dijo y se paró de la paja, se acomodó la falda y se marchó del establo.
Él se quedo ahí, tirado en la paja, con un brazo sobre los ojos, reviviendo lo que acababa de suceder.
Arabia, un mes de viaje, mas una semana de estadía, más un mes de viaje de regreso.
Se sentó de un golpe ¡¿Dos meses fuera de casa?! ¡Se había vuelto loca!
Lo peor de todo es que ni siquiera tenía planes reales de ir a Arabia, ¿Pensaba quedarse dos meses en el manantial de su abuelo? No era como que le preocupara que el abuelo fuera al manantial, esas tierras nunca las visitaba pero ¿Es que acaso ella estaba dispuesta a correr ese riesgo? Aparte de todo ¿Pensaba realmente decirle a su abuelo que se quería casar con él regresando de su alocada aventura?
-¿Qué estoy haciendo Padre?- preguntó tirándose de nuevo en el fajo de paja. Cerró los ojos
-Has escogido un alma rebelde para tu existencia, hijo. Has decidido amar a la locura y estar cerca de la pasión, fue tu decisión el día en que le regresaste la vida. No te arrepientas de amar, arrepiéntete de los pecados que puedas tener. Si la amas como dices no claudiques en el deseo. Será tu eterna musa, por lo tanto tendrás que conocerla y estar seguro de quien es ella-
Abrió los ojos y corrió a casa.
Ella estaba por entrar.
La tomó por el brazo y la jaló hacia adentro de la casa.
El abuelo estaba ahí sentado haciendo nada cuando los vio entrar a toda prisa y plantarse frente a él
-Ella ha tomado una decisión- dijo él
-¿A qué te refieres?- preguntó el abuelo
Ella lo miraba desesperada. No es que no quisiera decírselo al abuelo, es que le causaba terror y miedo hacerlo. Pero se encontró con los profundos ojos negros de su cuidador y eso la llenó de confianza. Volteó a ver a su abuelo.
-He decidido con quien me quiero casar- dijo, firme, segura, mirando a su abuelo directamente a los ojos.
-Dímelo ahora- exigió el hombre
-Me quiero casar con él- dijo señalando al joven que aún la tenía sujeta de la muñeca. –Me has dicho que puedo elegir a quien me plazca y él es quien me place, él es el hombre que quiero para hacer una familia- Terminó ella
El abuelo paso una, dos, tres veces la mirada de uno al otro y viceversa.
-¿Tú quieres lo mismo que ella?-
Pocas veces se les daba esa oportunidad a las mujeres y en pocas ocasiones se les preguntaba a los hombres si estaban de acuerdo con ello, aparte de que normalmente eran los hombres mayores lo que elegían a las mujeres más jóvenes.
-Sí señor, estoy de acuerdo-
El abuelo se levantó de donde estaba sentado y después caminó a su habitación sin decir una palabra más, pero sin embargo los volteó a ver un par de veces antes de perderse en el pasillo hacia su habitación.
-¿Por qué hiciste eso?- le dijo ella enojada
-Hay que hacer las cosas bien. Tú quieres estar conmigo tanto como yo quiero estar contigo, quieres besarme sin escondernos y poder estar juntos por las noches ¿No? Entonces hagámoslo del modo adecuado-
Ella lo miró, por un lado sabía que él tenía razón, pero por otro lado sabía que lo más seguro es que a su abuelo le estuviera dando un ataque de ira al saber aquello, se sentiría decepcionado, tal vez hasta deshonrado, se trataba prácticamente de sus dos hijos y ahora resultaba que se querían casa.
-¿Qué ha pasado?- preguntó su madre que bajaba las escaleras
-Nos queremos casar- dijo ella como si fuera la cosa más normal del mundo
-¡¿Cómo?!- su madre abrió muchísimo los ojos
-Queremos casarnos- dijo él, que aun sujetaba a la niña de la muñeca
-¿Por qué?- preguntó la mujer un poco extrañada
-Porque nos amamos- dijeron al mismo tiempo
Ellos se miraron y sonrieron.
-¿Se lo han dicho a tu abuelo?- preguntó la mujer viendo a su hija
-Si, hace unos segundos-
-Voy a verlo, seguramente ha de estar muy confundido- 

miércoles, 20 de julio de 2011

13.- Alas de Deseo

Ella llamó a su madre.
-Me quedaré con una amiga- le dijo
No iba a alejarse nunca más de él.
Era increíble como un solo día le había bastado para que él la convenciera de un gran amor, que aparte de todo ella sabía que sentía.
Su madre aceptó sin problemas.
-Tenemos muchos cuartos aquí donde te puedes quedar- dijo él –Algunos son enormes y otros no tanto, así puedes elegir el que te plazca, mi cuarto está en el segundo piso, en un momento te lo mostraré para que puedas llegar a él sin ningún problema, pues en alguna ocasión te perdiste en esta casa y no me gustaría que eso sucediera-
mientras caminaban por la casa él iba abriendo cada puerta, para mostrarle los cuartos y las habitaciones, estudios de música y pintura, era sin duda una casa única.
Subieron y llegaron al cuarto de él.
Abrió la puerta.
-Este es el mío- dijo dándole el paso a ella. –Puedes verlo, ya que en algún momento también fue tuyo-
Le pareció el más bonito que había visto. Era enorme, majestuoso.
Había varios cuadros pequeños, algunas pinturas, otras eran fotografías, viejas por supuesto, pero todas eran de ellos.
-Realmente nos encontramos siempre- dijo sorprendida
-Sí- aceptó
-Quiero este cuarto- dijo ella
-Mudaré mis cosas en un momento- dijo él
-Me refiero a que quiero quedarme contigo-
Él la miró
-No es la primera vez que me tientas de este modo-
-Tampoco va a ser la primera vez que me digas que no ¿verdad?-
-No- dijo él –Por supuesto que no será primera vez que logres un pecado en mí-
Ella se acercó rápidamente y con paso firme a él lo tomó por el cuello y lo acercó a su boca.
Con fuerza lo besó, ardiente tentación, fuego en la saliva, veneno que se extendía por sus entrañas, mordidas que llegaban al alma, su ropa rota caía al piso, habían vuelto harapos sus vestimentas. Las uñas de ella se enterraron en la espalda de él, él enredado en las caderas de ella, la fuerza, el impulso, el sudor y el calor llenaban la habitación. La arrastró a la cama, la envolvió en cobijas, las uñas de él se deslizaron en los brazos de ella, la quemaba por dentro, no podía con tanto, la música pasional llenó el lugar, el canto de una musa y la melodía de un ángel entrelazados en el placer.
Pasó una mano por la suave pierna de ella, su piel, siempre tan suave como sus blancas plumas que solo en una ocasión tuvo oportunidad de sentir. Sus claros ojos color miel dorada, que le daba sin duda el brillo para existir.
No podía arrepentirse de esto, nunca. La amaba y la iba a amar por siempre.
Eran sus profundos ojos negros los que le daban vida a un universo nuevo. Y de pronto como si fuesen destellos de pequeños brillos de luz dos hermosas alas se definieron en la espalda de él.
-Mírame- dijo él –Mírame-
Ella aparto la vista de aquellas hermosas alas que ya no existían y volvió a hundir en los ojos de él.
Desgarre de pasión y placer.
Una hermosa sirena plasmada en la voz y en el rostro de ella, le había robado lo que le quedaba de alma, si es que algo le quedaba de alma, si es que acaso algo le quedaba de espiritualidad y devoción hacia su Padre, estaba consciente que desde la primera vida de ella, había roto una regla, pero era inevitable no tenerla o no volverse de ella, su eterna manzana de la tentación, su eterno pecado y desborde de pasión.
¿Esto era lo que se había perdido durante sus años de vida en esta vida? Su piel blanca, tersa, su calor, su amor, sus cariñosas manos, el entrelace de sus cuerpos, verlo sudar de placer, la perfección de su cuerpo y ese hermoso destello de luz en su espalda.
El último impuso de fuerza sobre ella fue dado. El placer había llegado a su límite y el amor los había llevado al cielo.
-No necesito ir al cielo, si mi gloria eres tu- dijo él
Se abrazaron.
Ella se movió en las cobijas.
-Aléjate de mí- le dijo
-¿Qué? ¿Qué pasa?- preguntó él sin comprender
-Solo necesito espacio-
Él movió las cobijas
-No veas- le dijo ella
-Oye, oye, oye, tranquila, te prometo que esto es normal- le dijo
-Yo sé que es algo normal, pero me da mucha pena-
-No tiene porque darte pena, estoy acostumbrado-
Ella lo miró irritada.
-Ven, abrázame, a mí no me molesta ni me incomoda, ni nada-
Ella observó los hermosos ojos negros, se acercó a él.
-Espera- dijo él, buscó alrededor de la cama sus boxer´s
Entonces ella las vio, esas dos marcas en la espalda de él, casi formaban una V, de ahí nacían sus alas. Ella pasó una mano por una de las cicatrices.
Él se volteó, las pupilas las tenía dilatadas, ella retiró la mano, pero no supo descifrar la mirada de él.
-No hay nada que me cause más placer que eso- le dijo –Hasta ahora creo que es el segundo lugar más sensible de mi cuerpo- le explicó
-Lo siento- dijo ella
-No es un regaño, pequeña- Él sonrió –Te estoy simplemente diciendo lo que causas con ese pequeño roce en mi cuerpo- 

martes, 19 de julio de 2011

12.- Decisión

Tienes que casarte.
Ayudaba al abuelo con la mercancía, pero unos años después las cosas cambiaron.
Ella había crecido, casi tenia catorce y sentía curiosidad por salir a las calles, salir al bosque o a los manantiales que su abuelo poseía, algunos estaban lejos, pero eran de ellos, tenía tierras muy extensas, así que el abuelo por el bien de ella y su cuidado decidió que chico que había cuidado durante casi catorce años sería el cuidador de ella.
No les molestaba nada aquella decisión, pues cuando él no tenía trabajo y ella no estaba vigilada por su abuelo, por supuesto en la noche, se escabullían al establo para ver las estrellas, así que ahora podrían compartir más tiempo juntos.
La realidad era que estaban tan enamorados que no les importaba nada, más sin embargo nunca se lo había dicho, ser amigos, esa era la mejor opción, quizá decirlo más adelante, quizá.
Ese día él estaba tirado en el establo, el abuelo y la madre de ella habían salido a un viaje a Arabia, ha hacer algunas ventas.
Ella se acercaba lentamente a él, lo observaba con tentación, lo deseaba y quería que fuera suyo. Él tenía los ojos cerrados, pero aún así sabía que ella se acercaba, la olía, así de bien la conocía.
Al verse suficientemente  cerca de él, se aventó sobre él, y sin pensarlo unió sus labios a los de él.
La aventó hacia un bulto de paja.
Sabían que las personas se besaban, por supuesto, pero igual que todo eso también era la primera vez para los dos.
-¿Qué pasa?- preguntó ella que lo miraba desde el fajo de paja donde había caído.
-No creo que esto esté bien-
-¿Por qué no?-
-Pero somos casi como hermanos-
-Pero no lo somos. Aparte tú eres como lo único verdadero en mi vida. Y sé que tú me amas tanto como yo te amo a ti-
-Sí, te amo –dijo él –Solo que no estoy seguro de que esto sea una buena idea-
-Cuando hay amor, no hay pecado. Dijo ella
-¿Cómo lo sabes-
-Dios no castiga el amor, solo los errores que hay en él-
-Te amaré por siempre- dijo él –Te lo prometí antes y te lo prometo ahora-
-Y yo a ti- dijo ella
Y en el arranque de felicidad y emoción se aventó a los brazos de él y él la recibió gustoso. Cayeron de nuevo sobre la paja. Ella volvió a unir sus labios a los de él y ésta vez él respondió al cariño de ella.
Después de eso no se separaban para nada. El abuelo y la madre, acostumbrados a verlos juntos, no pusieron objeción a aquello. Los días pasaron, se convirtieron en meses y luego un año había pasado, siempre juntos, había logrado mantener desapercibida su relación, como dos buenos amigos, como custodio y resguardada, tan sencillo como eso.
Se sentaron a la mesa.
Era la hora de la comida y ella opto por el lugar vacío al lado de él.
El abuelo y la madre de ella se sentaron frente a ellos.
Ella pasó la mano debajo de la mesa y la acomodó en la rodilla de él, él la imitó y bajo la mano para que nadie los viera.
Entrelazó su mano con la mano de ella, ella se soltó del abrazo de la mano y puso la palma hacia arriba, él empezó a pasear sus dedos con suavidad en la palma de ella.
-Como saben- dijo él abuelo
Ellos separaron las manos
-Mañana es cumpleaños de la pequeña de esta casa. Por lo tanto tendremos una cena, ya que es un cumpleaños especial- el abuelo sonrió –Pronto tendremos que escogerte un esposo, para que empieces una vida de familia-
Ella forzó una sonrisa y él por debajo de la mesa apretó el puño, sabían que lo más posible es que ese día llegara, pero para ese entonces esperaban haber convencido al abuelo de que lo más sano era que los desposara a ellos, no por lo bienes que heredarían sino por el amor que se profesaban el uno al otro, ellos se miraron
>>algo tenemos que hacer<<
>>tenemos que solucionarlo<<
Eso era lo que decían sus miradas.
-Lo mejor será un hombre más grande que tú, que te de bienestar y seguridad, y…- el abuelo no pudo seguir, ella se exaltó
-¡Me niego! ¡No quiero!- espetó –No pueden casarme con quien ustedes digan- aquello iba contra las costumbres familiares, iba contra la sociedad en sí –Tengo derecho a amar a alguien y a que alguien me ame, no soy una de tus vacas, soy una persona-
-Siéntate- le dijo Él en voz baja, jalando un poco su falda hacia abajo.
-Dime entonces ¿Quién es aquel a quien quieres amar? – dijo el abuelo con fuerte y seria voz
>>Que se calle, que se calle<< suplicó él en el pensamiento
Ella se sentó
-Eso pensé, no reclames si no tienes algo lógico que objetar, te doy tres meses para que elijas un hombre para tu vida, porque no permitiré que mi nieta pase como una mujer sin marido- dijo el abuelo
-¿Puede ser quien yo quiera?- preguntó
-Quien tú quieras, rico o pobre, flaco o gordo, alto o bajo, moro o blanco, no me importa, solo elijé alguien a quien tú crees amar. Pero una cosa si te digo, una vez tomada tu decisión no hay cambios, con él te casarás y tendrás que someterte a lo que sea mi voluntad- El abuelo terminó y entonces ella solo lo miró
-No quiero la cena de mañana- dijo
-Eso no te lo permitiré, no hay otros planes hechos- dijo el abuelo
-¿Cómo sabes que no hay planes hechos si no me lo has preguntado?- espetó ella
-Bien y que planes tienes-
-Iré a Arabia a comprar vestidos- dijo ella
-Pues en ese caso él tendrá que acompañarte- dijo el abuelo señalando a su cuidador de costumbre
Él la miró
-De acuerdo- aceptó ella

11.- Tu Dios

-¿No te aburres de conquistarme? ¿No te aburres de tenerme que explicar una y otra vez esto? ¿No te aburres que siempre sea yo? ¿No te gustaría enamorarte de alguien más?-
-No, no me aburró de conquistarte, tampoco me canso de explicarte una y otra vez como pasó todo, porque me encanta recordar como llegaste tú en realidad a mi vida y como me has permitido estar contigo en cada una de las tuyas, tampoco me canso de que seas tú, me encanta tu personalidad, tu libertad, la manera en la que piensas, en como amas, me encanta tu pasión, tu locura, tu aventura, toda tú y creo que con esto contesto tu última pregunta, no, no me gustaría enamorarme de nadie más que de ti, no importa cuánto tiempo tenga que esperar por ti, no importa cuánto tiempo pase para volver a verte porque me queda claro que desde el momento en que naciste yo te escogí para mi existencia y sé que de algún modo tú también me escogiste a mí- le respondió él
-¿Con qué derecho tu Dios nos castiga de este modo?- espetó furiosa
-Por el simple hecho de ser Dios, pequeña, simplemente por eso. Es dueño de nosotros, de nuestro, mundo es el Creador de todo cuanto hay sobre la tierra, de todo lo que hay en el universo. Y no creo, con todo respeto, que estés en la mejor posición para reclamar- Y justo en ese momento, después de que él habló de forma tan severa, ella guardó silencio.
Se miraron, en silencio.
-¿Y ahora? ¿Qué procede?- dijo al fin ella
-Pues no sé todo depende de lo que quieras hacer tú-
-Tengo un día de conocerte-
-Y yo más de un milenio- dijo él
-Que ironía-
-Estos son los momentos donde mi vida tiene sentido. He de decirte que ha pasado todo esto en un día, normalmente nos lleva más tiempo, tú te reservabas mucho y tardábamos algún tiempo en tenernos mucha confianza, en volvernos buenos amigos o en que tuvieras la curiosidad al tope como para seguirme a donde fuera. Pero por lo visto estos tiempos son otros y creo que eso te puede hacer tener una mayor capacidad de conocimiento ó al menos liberarte más fácil y dejar salir tus arranques de locura que normalmente te traen a mí-
Ella lo miró
-¿Por qué me amas tanto?- preguntó ella
-Ya te lo dije- la miró profundamente -¿Tu no me amas a mí? O ¿No crees poder amarme? Ó ¿Es que en esta vida no te gusto?-
-Si me gustas, mucho, pero ¿Cómo sabes que algo de un día puede funcionar?-
-Porque esto no es cuestión de un día, entiéndeme, tal vez para ti sí, pero yo te amo hace mucho y es frustrante verte por ahí perdiendo el tiempo, cuando para mí cada segundo a tu lado es lo más valioso que puedo tener, ¿Qué no estás dispuesta a hacer una locura por amor?- dijo
Ella sintió un vuelco en el corazón ¿a qué clase de locura se refería? ¿Amor?
Miró los oscuros y profundos ojos negros de él, y entonces encontró en ella la mayor locura, de verdad lo amaba, lo amaba desenfrenadamente.
-¿Qué quieres que haga?- dijo ella dispuesta a darle lo que fuera
-Quiero que nos casemos-
Ella sonrió.

lunes, 18 de julio de 2011

10.- La verdad

Entraron en la casa.
Era hermosa tanto por fuera como por dentro
-ven te pondré un poco de hielo en la cabeza y te prepararé un té-
-Parece que me conocieras hace mucho-
-Soy un poco perceptivo. Acompáñame-
La guió por un largo pasillo lleno de cuadros y fotografías, algunas ya muy viejas, otras no tanto. Y entonces una llamó su atención era una joven, un tanto más grande que ella, quizá como de la edad de él. Era hermosa con enormes ojos y facciones hermosas, estaba sonriente, por supuesto al lado de él y al voltear hacia el lado contrario de la pared se topo con un espejo, y su mirada se recorrió el rostro, volteó desesperada, confundida y asustada a ver nuevamente la fotografía, dio dos pasos hacia atrás. ¡Ella! ¡Era imposible, increíble, incomprensible!
-¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? ¿Quién soy yo?- exclamó alterada
Él volteó a verla, suplicaba comprensión con la mirada
-Cálmate, te lo voy a explicar- dijo con suavidad, extendió los brazos hacia ella y movía lentamente las manos de arriba abajo.
Ella no dudaba en confiar de él, eso era lo más complicado de todo, le aterraba pero no sentía desconfianza.
Él le extendió una mano.
-Ven, te aseguro no te causaré ningún mal-
-Lo sé- dijo ella y tomó su mano
La condujo a la cocina y ahí le ofreció una silla que ella sin dudar tomó
-No conocimos mucho tiempo atrás, más del que tú te imaginas.- dijo mientras ponía una tetera sobre la estufa. –Te vi nacer, crecer, vivir, disfrutar, reproducirte y luego –tragó saliva –te vi morir-
Ella no tenía palabras así que lo dejó continuar
-Era el año 500 después de Cristo. Tu Abuelo era un mercader, muy rico. Tu madre era una mujer a la cual tu padre había dejado, no porque quisiera, sino porque un hombre lo apuñaló en el mercado grande. Eras una niña hermosa, de piel suave y cabellos oscuros, ojos grandes color miel dorada, siempre quise creer que la suavidad de tu piel te lo había heredado yo, cuando te di la vida-
Ella tuvo el impulso de pararse de la silla, pero se mantuvo en su lugar. Nunca se había sentido completamente normal, era como si conociera demasiado de la vida sin haberla conocido antes
Así le contó cómo había llegado por primera vez a este mundo, muerta, y como él había dado la vida misma.
Le explicó como al principio el estaba tan sumamente confundido, pero con el tiempo conforme ella fue creciendo él fue adquiriendo o un sentido para su vida, como el espíritu de ella siempre había sido más libre y expresivo de lo que se le tenía permitido en algunos tiempos, lo difícil que le había parecido darse cuenta que él nunca iba a morir, cuan doloroso había sido notar que le iba a tocar verla morir cada cierto tiempo. Omitió algunas cosas que, él consideró, no eran el tiempo para contárselas, quizá más adelante, quizá solo si ella vivía lo suficiente, pues no estaba muy seguro de que tan larga sería esta vida de ella.
Para cuando más o menos terminó, por cuestiones de quitar uno que otro hecho, ya había oscurecido.
-¿Y bien?- preguntó él
-No sé qué decirte-
-¿Me crees?-
-Sí, claro que lo hago, solo necesito un poco de tiempo para procesarlo-
Se quedaron en silencio.
Ella volteó a ver su tasa, estaba vacía. Se había tomado, como mínimo 25 tazas de té y dos o tres de café, el no había negado nada para tomar.
-Entonces, nos hemos casado como mínimo 4 veces, tú eres un ángel caído y yo una semi-inmortal, siempre nos encontramos en diferentes lugares, en diferentes ciudades, en diferentes países y continentes, pero siempre el mismo mes y el mismo número de día, siempre tengo la misma edad, pero no sabes cuándo puedo morir en poco tiempo ó en mucho y que en este momento no sabes cuánto tiempo me queda de vida. – dijo ella tratando de resumir la situación. -¿No estás enojado con Dios por esto? ¿No deberías estar furioso por haberte castigado? ¿No deberías odiarlo por no dejarnos descansar a ninguno de los dos? ¿Cómo nos puede hacer algo así? Ni a ti te deja vivir tranquilo, ni a mí me deja descansar en realidad, te lastima haciéndote verme, tenerme y perderme. Osea ni nos hace inmortales a los dos, ni nos mata juntos, no lo logro comprender. ¿Cómo es posible que aquel a quien llaman  el todo Justo, el Omnipotente sea capaz de hacernos algo así? ¿Cómo es posible que nos mantenga condenados de esta manera? Que te haga sufrir de este modo, que yo tenga que enterarme de esto, pero saber que estoy condenada a perderte, tarde o temprano te apartarás de mi lado o, que más bien, yo me apartaré de ti-
-Pequeña, en todo caso de querer culpar a alguien, deberías culparme a mí. Yo no sabía bajo qué condiciones tenía que cuidarte, no sabía bajo qué condiciones debía acercarme a ti, nunca había sido un ángel guardián, no sabía que no tenía permitido darte vida- dijo él
-Pues no se supone que de ser el Todo Sabio, Él debía de saber que eso iba a ocurrir, debía de saber que tú ibas a caer en un error, Él te quería condenar a esto ¿no lo entiendes?-
-Nunca me habías respondido de ese modo, quizá tengas razón, pero Él habrá tenido sus razones para esto ¿Cuántas personas no quisieran vivir lo que nosotros? Poder encontrarse una y otra vez, vivir su amor por siempre. No voy a dudar de Él, lo siento, pero es que algún propósito debe de tener para nosotros, y si no tenemos un propósito, entonces nos está regalando la oportunidad de vivir mil veces lo que sentimos-

9.- Miel Dorada

La temperatura había bajado y lo único que le brindaba un poco de calor eran las blancas plumas que estaban a su alrededor.
-Niño- le dijo un hombre, ya era mayor
Abrió los ojos aquello le lastimó, la luz fue demasiado fuerte para sus ojos y los colores pintaban cada figura, el no los conocía, pero había escuchado de ellos.
-¿Te encuentras bien?- le preguntó el hombre
Vio su cuerpo, su piel no era igual que la del hombre que le hablaba
-No lo sé- respondió un tanto confundido
-Niño estás cubierto de sangre- le dijo un tanto aterrado el señor
Eso lo había visto, pero tampoco sabía de qué color tenía que ser el liquido salido de la piel de los humanos cuando se lastimaban
-Ven conmigo, te ayudaré-
-Gracias- dijo pero entonces no quiso pararse –Estoy desnudo-
El señor se quitó la chamarra que traía puesta y se la tendió, el hombre era más alto que él.
-Póntela- le dijo
Se sintió extraño con aquel peso sobre sus hombros, pero lo agradeció, la mañana era fría, aunque él no sabía lo que era aquello. Quería compararlo con el dolor sentido la noche pasada, pero no había nada que comparar
-¿De dónde vienes?- preguntó el hombre
Y él no tuvo nada más que responder más que
-Del cielo-
-Todo venimos de ahí y ahí todos regresaremos, y por lo visto tú ayer estuviste bastante cerca de volver- le dijo el hombre
Se sintió con ganas de decirle al hombre que lo más seguro es que él nunca regresara a ese lugar pero prefirió guardar silencio.
Entraron en una gran casa, hecha de madera.
Y allí estaba, una mujer sentada en una silla, con una criatura en brazos pegada a su pecho. Recordaba a aquella mujer.
Siguieron de largo.
-¿Es su hija?- le preguntó al hombre
-La bebé es mi nieta, su madre es mi hija- respondió
-Los sirvientes te asearan luego podrás comer un poco, seguro tienes hambre. ¿qué sabes hacer? ¿Tienes trabajo o un lugar al cual regresar?- le preguntó el señor
-No señor, ni trabajo, ni familia ni nada-
-En ese caso ya veré en que te ocupo, tú no te preocupes, ahora estarás bien- le dijo con voz cálida el hombre
-Muchas gracias-
-Tú no te preocupes- y después de esto el sujeto sonrió
Una mujer regordeta vino a su encuentro.
-Venga conmigo joven- le dijo con voz suave –Yo me encargaré de él- dijo dirigiéndose al anciano
-Muy bien- asintió este –ve con ella, cuidará y consentirá de ti- le dijo
Después de mil sensaciones, entre el agua, el estropajo sobre su piel, que los ojos le ardieran por el jabón que dejó entrar, si querer en ellos, y un retortijón dentro de su estomago, se sentó a la mesa, junto al hombre que lo había encontrado en el campo.
-Bienvenido-
-Gracias- dijo él
Tenían a la bebé recostada en un moises de paja tejida.
-¿Me permite ver a su nieta?- le preguntó al hombre
-Por supuesto, acércate a ella- le dijo
Se paró de la mesa, y se asomó a la cama de la niña.
Hubiera jurado que aquella pequeña criatura era tan grande que cabría perfectamente entre su muñeca y el codo.
Tenía la piel canela, casi dorada, con unos enormes ojos color miel dorada, y un tupido cabello color castaño oscuro.
Le pareció hermosa, de hecho era la humana más linda que él había visto jamás.
Tal vez porque podía apreciar la tonalidad de su piel ó el brillo de sus ojos y su cabello, no lo sabía pero era ella, lo que le acababa de dar un sentido a estar pasando por aquel martirio.
-¿La puedo tocar?- preguntó
Y entonces la madre de la niña se acercó, la sacó de donde estaba y con dulzura se la extendió, él acomodó los brazos en forma de nido para recibirla.
La madre con cuidado acomodó a la pequeña en su nuevo cuidador.
Le pareció frágil, demasiado, no había peso alguno en ella, y entonces recordó las plumas que lo rodeaban esa mañana, ella era tan suave como sus amadas plumas, tersa, eso era lo que había heredado de él, la suavidad de su piel.
Ella lo miraba, como si supiese de quien se trataba.
>>Te voy a amar por siempre<< pensó y la pequeña, como si hubiera escuchado aquel pensamiento, le sonrió.
-¿En que piensas?- le preguntó ella
Y él salió de su profundo recuerdo
-En ti- respondió
Ella prefirió ya no decir nada al respecto, opto por acostumbrarse a esos extraños comentarios de él, que le hacían pensar que la conocía más allá de lo que ella pensaba.
Una gran casa los esperaba al final del sendero tomado, era un camino hermoso, con frondosos árboles a cada extremo, flores y arbustos tupidos.
Le pareció que todo aquello ya lo había visto antes. Lo sintió como si fuera de ella.
-Que hermosa casa- dijo
-Sí, existe hace un par de siglos la adquirimos hace dos siglos- dijo él
¿La adquirimos? ¿A quién exactamente se refería él? Seguramente se trataba de antepasados de él, familiares que en épocas pasadas habían comprado y construido en aquella propiedad.
-Obviamente con el tiempo hay que irle haciendo remodelaciones, y dándole cierto mantenimiento, pero cada vez que se agranda o se remodela adopta un estilo diferente- explicó

8.- A Casa

Se miraron.
-Me duele…- empezó a decir ella, pero antes de que su mano tocara su cabeza, su peso completo cayó sobre el brazo que él aún mantenía en la espalda de ella.
Esto no podía ser en verdad, siempre terminaba siendo tan frágil, siempre en sus brazos.
Él pasó una mano con dulzura por su rostro, la terciopelada piel de ella, le causo un escalofrío, no importaba si tenía que sufrir toda la eternidad, no importaba si había perdido sus alas, no importaba cuanto tenía que esperar cada que la perdiera, porque era esas sensaciones las que para él valían la pena, esas emociones estando tan cerca de ella. Nunca se olvidaría de lo que era no sentir, no comer, no soñar…
Acercó sus labios al oído de ella.
-Despierta- le dijo cariñoso
El rostro de ella giró, sus ojos, sus labios, sus caras demasiado cerca
-¿De dónde te conozco?- Le preguntó en un suspiro
-Seguro de otra vida- le dijo él y sonrió.
Volvió a tomarla en brazos.
-No la puede sacar de las instalaciones- dijo uno de los profesores.
-Yo cubriré sus gastos, ahora me la llevo a casa- dijo él
Algo bueno de haber vivido muchos siglos, era la posibilidad de acumular dinero, así que aunque ahora fuera un simple maestro de filosofía, su banco decía que era el hombre más rico del mundo.
Se había dado la oportunidad de experimentar cualquier oficio, cualquier trabajo, excepto la prostitución, pues no importaba cuanto tuviese que esperar por ella, era a la única persona a la cual se le entregaba, aunque él sabía perfectamente que por su físico, como prostituto no le hubiese ido, nada mal, el pensamiento le causó gracia y dejo salir una perfecta y blanca sonrisa.
Los pulmones de ella se llenaron con el suave y dulce aliento de él, su pecho suspiró, era cálido, ligero, casi cariñoso su aire, generoso, tierno, había tantas cosas en ese pequeño cambió de aire.
Con sus brazos aún alrededor de su cuello, empezó a entrelazar un dedo en el oscuro y tupido cabello negro de él, sintió como su piel se erizó, como los bellitos de su nuca se crisparon, él había dejado de caminar y estaba simplemente ahí parado, con ella en sus brazos, mirando al frente, con los ojos muy abiertos.
Ella se detuvo, dejo de acariciar su cabello y sólo lo miró, y después de unos momentos él también volteó a verla.
-¿De dónde me conoces?- preguntó ella
- ¿Y tú? ¿De dónde me conoces a mí?-
-No lo sé. Pero te siento tan cerca, tan dentro de mí, tan vivo dentro mío, tan presente, cómo si siempre te hubiera esperado, cómo si supiera que eres tú aún sin conocerte-
-Sólo es un sueño- le dijo él
-No- Insistió ella
-Vamos, olvídate de eso ahora, te llevaré a casa, donde podrás descansar-
-¿A qué casa?- preguntó ella
Él volvió a caminar.
-A la nue…- el ‘’stra’’ se lo tragó y mejor cambió la frase –A la mía- le dijo
-¿Y por qué no a la mía?- inquirió ella
-Pensé que te agradaría un lugar donde no te regañaran, donde no te acribillaran con preguntas, donde simplemente no te hostigaran. Porque pues para este momento ya los maestros han de haber telefoneado a tu casa, avisándoles a tus padres que has chocado y pues para cuando llegues a tu casa ellos te comerán viva con preguntas-
-Tienes razón-
-Vamos, te aseguro, no te vas a arrepentir-
Ella no respondió pero seguía con los brazos alrededor de él, así que pensó en que lo mejor sería tomarlo como que ella estaba de acuerdo en ir a la casa de él.
La subió en el asiento del copiloto y luego como si tratara de una pequeña niña, le puso el cinturón de seguridad.
Lo observó mientras le daba la vuelta al coche para subir al asiento del conductor, lo conocía, lo conocía como nunca había conocido a nadie, aún cuando era el primer día que lo veía en su vida.
Él subió al auto.
-¿Todo bien?- preguntó, la volteó a ver
-¿Por qué se preocupa por mí? Es la primera vez que nos vemos y usted actúa como si nos conociéramos de toda la vida-
-Digamos que te comprendo un poco- él arrancó el coche –Es tu primer día de clases, aún no conoces a tus compañeros, te cuesta un poco concentrarte en clases, por el hecho de que eres muy dispersa y tu maestro de filosofía es un tanto extraño- dijo como si ese discurso lo hubiese dado mil veces. Él arrancó el auto.
-Parece que me conociera demasiado-
-Eres muy predecible, como un…-
-Libro abierto- terminó ella –lo sé-
-Pero dime, ¿De qué manera te puedo hacer que te sientas un poco más cómoda? ¿Algo de la tienda? ¿Algún antojo en especial? ¿Alguna película?- preguntó
Quería, quería sin duda que él la consintiera que la tratara como parecía que la iba a tratar. Quería que la mimara, que le sonriera, que la quisiera, esos eran sus antojos.
-¿Tienes algún fetiche?- le preguntó, como si fuese la cosa más normal que se pudiese preguntar.
Una sonrisa se le dibujó en la comisura de sus labios
-Si lo tengo- dijo él
-¿Y qué es?- inquirió ella
-Tus tobillos- respondió él
Ella lo analizó con la mirada y luego volteó a ver tus pies, y se encontró junto con lo que ella pensaba, tenis.
Nunca le había visto los tobillos.
-¿Sólo los míos ó te refieres a los tobillos en general?-
-Los tuyos solamente- contestó él con naturalidad.
 La volteó a ver. Estaba confundida, sin duda.
-Lo siento, es una broma- dijo y le regaló una sonrisa.
-Me confunden tus bromas-
-Lo sé- dijo comprensible.

7.- Dolor

Solo se quedó ahí, observando como el auto de ella desaparecía por la salida del estacionamiento…
Recodó
-¿Qué haces hijo?-  preguntó su Padre
Él se encontraba asomado a la fuente de la vida, la ventana hacia el mundo humano, el hueco que le permitía ver aquello que él no era, aquello que él no tenía, vida. Al menos no la tenía del modo en que él quería, hacía tiempo eso de la vida le causaba curiosidad, ¿Qué era el gusto? ¿Qué era el dolor? ¿Una caricia? ¿Qué era comer? ¿Crecer? ¿Hacer el amor? Era algo que él no conocía, y que no iba a conocer, había sido destinado a la eternidad como ángel, siempre, sirviendo a su Padre, pero también hacía tiempo que ni siquiera se sentía útil para eso, pues según él su Padre lo había olvidado, según él su Padre ya no le encargaba nada…
-Observo- respondió él a la voz de su  Padre.
-¿Qué?-
-La vida-
-Es hermosa-
-No lo sé, no sé que es, no estoy vivo, al menos no de ese modo-
La mirada de él no volteaba, hacia la voz de su Padre, sabía que lo que vería era algo que él ya conocía.
Y de pronto veía como iba cayendo hacia la fuente de la vida, lo estaban aventando al mundo real.
-Cuida de ella- le dijo su Padre.
Antes de sumergirse en el agua clara, vio a una mujer dando a luz, cayó al pie de la cama. No le dolió, por un momento había creído que su Padre se refería a ‘’cuidar de ella’’ como si le hubiera dado la vida humana.
Pero entonces todo cambió.
-Está muerta- dijo una mujer, con tristeza y desesperación, a lo que le siguió el llanto doloroso y agonizante de otra.
Se refería a la criatura que tenía en los brazos, ¿eso era lo que tenía que cuidar? ¿La pequeña humana muerta era su encargo? Bonito asunto le había tocado.
Se levantó lo más rápido que pudo del suelo y se acercó a la niña, al parecer nadie lo veía.
Se arrancó, sin dolor, una pluma de su ala derecha y la apoyó sobre el pecho de la niña.
-Vive- le dijo, con suavidad, bañando el rostro de la pequeña con su dulce aliento.
La pluma bajo su mano se disipó en el pecho de la criatura y ésta inhalando el aliento del ángel, respiró.
Él sonrió.
De pronto algo lo jaló hacia afuera de la habitación.
Un jardín enorme apareció a su alrededor, la noche cubría el cielo y la oscuridad era prácticamente total, se espantó, quiso abrir las alas y entonces algo lo aterró aún más que el hecho de haber salido de pronto de la habitación donde le acababa de dar vida a una humana,  las plumas blancas de sus alas caían a su alrededor, se desprendían de sus hermosas alas, y entonces por primera vez lo sintió, el dolor, dolor físico en su espalda, un dolor ardiente e insoportable, estaban desapareciendo de él, dejando dos marcas ensangrentadas en su espalda.
-¿Por qué el castigo?- gritó hacia el cielo
-Porque solo yo concedo la vida…y la muerte-
Se tiró en el piso, sobre las que habían sido sus suaves y blancas plumas, y en posición fetal, se abrazó las rodillas.
Y por primera vez en su existencia supo lo que era estar adolorido y exhausto.
La noche cubrió su cuerpo y sintió la necesidad de cerrar los ojos.
Lo acababan de desterrar del cielo.
-Es tu castigo vivir para siempre, es tu castigo verla eternamente, es tu castigo verla vivir y morir- era la voz de su Padre, y después de eso, todo se oscureció.
-¿Dónde estás?- le preguntó el ángel de piel oscura.
Todo volvió, el estacionamiento en donde ella acababa de desaparecer.
-Aquí- respondió él
-¿Quieres contarme?-
-No-
El hombre oscuro movió los hombros como diciendo ‘’como sea, como quieras’’
Y entonces un estruendo se escuchó al otro lado del estacionamiento.
Su corazón dio un vuelco, era ella, lo sabía. Corrió.
Había humo, demasiado, los pulmones le ardieron al meterse en la nube negra.
Maldita suerte ¿qué aquello no iba a cambiar nunca? Ella siempre se lastimaba, chocaba, caía, tropezaba, se golpeaba, resbalaba, la asaltaban, se perdía, la atropellaban, cualquier cosa que la pusiera en peligro era lo que la acechaba…
Y en esa nube de humo él lo comprendió, desde su primer nacimiento ella ya estaba muerta, era lógico que la muerte la persiguiera, pues la muerte era su vida, ahora lo comprendía, de no ser por eso ella también sería tan eterna como él.
El coche de ella lo esperaba, estampado contra un árbol. ¿Pero cómo diablos había terminado ahí?
Escuchó como la gente se acercaba, pero nadie se adentraba en aquella humareda.
Se pegó en la cajuela del coche, le ardían los ojos, seguro ahora se le pondrían rojos.
Con la mano fue sintiendo el coche hasta llegar a la puerta del piloto. La jaló con fuerza. Entre el humo la encontró.
Estaba con las manos sobre la nuca, tratando de hacer posición fetal.
-¿Algún día vas a dejar de hacer tonterías?- le espetó, cuando ella lo volteó a ver
-¿Me sacas de aquí?- le dijo con voz de chiquilla asustada
-Claro que sí- dijo dulcificando su voz
Ella se deshizo de su cinturón de seguridad. Se abrazó al cuello de su maestro y este la tomó en brazos.
Los recuerdos no les alcanzaban, pero los mantenían vivos.
-Te extrañé- le dijo mientras la sacaba del humo.
-¿Me extrañaste?- preguntó él confundido.
Ella se apretó un poco a él, evitando responder la pregunta hecha.
La sacó del humo y la acostó sobre el pasto seco.