Tienes que casarte.
Ayudaba al abuelo con la mercancía, pero unos años después las cosas cambiaron.
Ella había crecido, casi tenia catorce y sentía curiosidad por salir a las calles, salir al bosque o a los manantiales que su abuelo poseía, algunos estaban lejos, pero eran de ellos, tenía tierras muy extensas, así que el abuelo por el bien de ella y su cuidado decidió que chico que había cuidado durante casi catorce años sería el cuidador de ella.
No les molestaba nada aquella decisión, pues cuando él no tenía trabajo y ella no estaba vigilada por su abuelo, por supuesto en la noche, se escabullían al establo para ver las estrellas, así que ahora podrían compartir más tiempo juntos.
La realidad era que estaban tan enamorados que no les importaba nada, más sin embargo nunca se lo había dicho, ser amigos, esa era la mejor opción, quizá decirlo más adelante, quizá.
Ese día él estaba tirado en el establo, el abuelo y la madre de ella habían salido a un viaje a Arabia, ha hacer algunas ventas.
Ella se acercaba lentamente a él, lo observaba con tentación, lo deseaba y quería que fuera suyo. Él tenía los ojos cerrados, pero aún así sabía que ella se acercaba, la olía, así de bien la conocía.
Al verse suficientemente cerca de él, se aventó sobre él, y sin pensarlo unió sus labios a los de él.
La aventó hacia un bulto de paja.
Sabían que las personas se besaban, por supuesto, pero igual que todo eso también era la primera vez para los dos.
-¿Qué pasa?- preguntó ella que lo miraba desde el fajo de paja donde había caído.
-No creo que esto esté bien-
-¿Por qué no?-
-Pero somos casi como hermanos-
-Pero no lo somos. Aparte tú eres como lo único verdadero en mi vida. Y sé que tú me amas tanto como yo te amo a ti-
-Sí, te amo –dijo él –Solo que no estoy seguro de que esto sea una buena idea-
-Cuando hay amor, no hay pecado. Dijo ella
-¿Cómo lo sabes-
-Dios no castiga el amor, solo los errores que hay en él-
-Te amaré por siempre- dijo él –Te lo prometí antes y te lo prometo ahora-
-Y yo a ti- dijo ella
Y en el arranque de felicidad y emoción se aventó a los brazos de él y él la recibió gustoso. Cayeron de nuevo sobre la paja. Ella volvió a unir sus labios a los de él y ésta vez él respondió al cariño de ella.
Después de eso no se separaban para nada. El abuelo y la madre, acostumbrados a verlos juntos, no pusieron objeción a aquello. Los días pasaron, se convirtieron en meses y luego un año había pasado, siempre juntos, había logrado mantener desapercibida su relación, como dos buenos amigos, como custodio y resguardada, tan sencillo como eso.
Se sentaron a la mesa.
Era la hora de la comida y ella opto por el lugar vacío al lado de él.
El abuelo y la madre de ella se sentaron frente a ellos.
Ella pasó la mano debajo de la mesa y la acomodó en la rodilla de él, él la imitó y bajo la mano para que nadie los viera.
Entrelazó su mano con la mano de ella, ella se soltó del abrazo de la mano y puso la palma hacia arriba, él empezó a pasear sus dedos con suavidad en la palma de ella.
-Como saben- dijo él abuelo
Ellos separaron las manos
-Mañana es cumpleaños de la pequeña de esta casa. Por lo tanto tendremos una cena, ya que es un cumpleaños especial- el abuelo sonrió –Pronto tendremos que escogerte un esposo, para que empieces una vida de familia-
Ella forzó una sonrisa y él por debajo de la mesa apretó el puño, sabían que lo más posible es que ese día llegara, pero para ese entonces esperaban haber convencido al abuelo de que lo más sano era que los desposara a ellos, no por lo bienes que heredarían sino por el amor que se profesaban el uno al otro, ellos se miraron
>>algo tenemos que hacer<<
>>tenemos que solucionarlo<<
Eso era lo que decían sus miradas.
-Lo mejor será un hombre más grande que tú, que te de bienestar y seguridad, y…- el abuelo no pudo seguir, ella se exaltó
-¡Me niego! ¡No quiero!- espetó –No pueden casarme con quien ustedes digan- aquello iba contra las costumbres familiares, iba contra la sociedad en sí –Tengo derecho a amar a alguien y a que alguien me ame, no soy una de tus vacas, soy una persona-
-Siéntate- le dijo Él en voz baja, jalando un poco su falda hacia abajo.
-Dime entonces ¿Quién es aquel a quien quieres amar? – dijo el abuelo con fuerte y seria voz
>>Que se calle, que se calle<< suplicó él en el pensamiento
Ella se sentó
-Eso pensé, no reclames si no tienes algo lógico que objetar, te doy tres meses para que elijas un hombre para tu vida, porque no permitiré que mi nieta pase como una mujer sin marido- dijo el abuelo
-¿Puede ser quien yo quiera?- preguntó
-Quien tú quieras, rico o pobre, flaco o gordo, alto o bajo, moro o blanco, no me importa, solo elijé alguien a quien tú crees amar. Pero una cosa si te digo, una vez tomada tu decisión no hay cambios, con él te casarás y tendrás que someterte a lo que sea mi voluntad- El abuelo terminó y entonces ella solo lo miró
-No quiero la cena de mañana- dijo
-Eso no te lo permitiré, no hay otros planes hechos- dijo el abuelo
-¿Cómo sabes que no hay planes hechos si no me lo has preguntado?- espetó ella
-Bien y que planes tienes-
-Iré a Arabia a comprar vestidos- dijo ella
-Pues en ese caso él tendrá que acompañarte- dijo el abuelo señalando a su cuidador de costumbre
Él la miró
-De acuerdo- aceptó ella
Ayudaba al abuelo con la mercancía, pero unos años después las cosas cambiaron.
Ella había crecido, casi tenia catorce y sentía curiosidad por salir a las calles, salir al bosque o a los manantiales que su abuelo poseía, algunos estaban lejos, pero eran de ellos, tenía tierras muy extensas, así que el abuelo por el bien de ella y su cuidado decidió que chico que había cuidado durante casi catorce años sería el cuidador de ella.
No les molestaba nada aquella decisión, pues cuando él no tenía trabajo y ella no estaba vigilada por su abuelo, por supuesto en la noche, se escabullían al establo para ver las estrellas, así que ahora podrían compartir más tiempo juntos.
La realidad era que estaban tan enamorados que no les importaba nada, más sin embargo nunca se lo había dicho, ser amigos, esa era la mejor opción, quizá decirlo más adelante, quizá.
Ese día él estaba tirado en el establo, el abuelo y la madre de ella habían salido a un viaje a Arabia, ha hacer algunas ventas.
Ella se acercaba lentamente a él, lo observaba con tentación, lo deseaba y quería que fuera suyo. Él tenía los ojos cerrados, pero aún así sabía que ella se acercaba, la olía, así de bien la conocía.
Al verse suficientemente cerca de él, se aventó sobre él, y sin pensarlo unió sus labios a los de él.
La aventó hacia un bulto de paja.
Sabían que las personas se besaban, por supuesto, pero igual que todo eso también era la primera vez para los dos.
-¿Qué pasa?- preguntó ella que lo miraba desde el fajo de paja donde había caído.
-No creo que esto esté bien-
-¿Por qué no?-
-Pero somos casi como hermanos-
-Pero no lo somos. Aparte tú eres como lo único verdadero en mi vida. Y sé que tú me amas tanto como yo te amo a ti-
-Sí, te amo –dijo él –Solo que no estoy seguro de que esto sea una buena idea-
-Cuando hay amor, no hay pecado. Dijo ella
-¿Cómo lo sabes-
-Dios no castiga el amor, solo los errores que hay en él-
-Te amaré por siempre- dijo él –Te lo prometí antes y te lo prometo ahora-
-Y yo a ti- dijo ella
Y en el arranque de felicidad y emoción se aventó a los brazos de él y él la recibió gustoso. Cayeron de nuevo sobre la paja. Ella volvió a unir sus labios a los de él y ésta vez él respondió al cariño de ella.
Después de eso no se separaban para nada. El abuelo y la madre, acostumbrados a verlos juntos, no pusieron objeción a aquello. Los días pasaron, se convirtieron en meses y luego un año había pasado, siempre juntos, había logrado mantener desapercibida su relación, como dos buenos amigos, como custodio y resguardada, tan sencillo como eso.
Se sentaron a la mesa.
Era la hora de la comida y ella opto por el lugar vacío al lado de él.
El abuelo y la madre de ella se sentaron frente a ellos.
Ella pasó la mano debajo de la mesa y la acomodó en la rodilla de él, él la imitó y bajo la mano para que nadie los viera.
Entrelazó su mano con la mano de ella, ella se soltó del abrazo de la mano y puso la palma hacia arriba, él empezó a pasear sus dedos con suavidad en la palma de ella.
-Como saben- dijo él abuelo
Ellos separaron las manos
-Mañana es cumpleaños de la pequeña de esta casa. Por lo tanto tendremos una cena, ya que es un cumpleaños especial- el abuelo sonrió –Pronto tendremos que escogerte un esposo, para que empieces una vida de familia-
Ella forzó una sonrisa y él por debajo de la mesa apretó el puño, sabían que lo más posible es que ese día llegara, pero para ese entonces esperaban haber convencido al abuelo de que lo más sano era que los desposara a ellos, no por lo bienes que heredarían sino por el amor que se profesaban el uno al otro, ellos se miraron
>>algo tenemos que hacer<<
>>tenemos que solucionarlo<<
Eso era lo que decían sus miradas.
-Lo mejor será un hombre más grande que tú, que te de bienestar y seguridad, y…- el abuelo no pudo seguir, ella se exaltó
-¡Me niego! ¡No quiero!- espetó –No pueden casarme con quien ustedes digan- aquello iba contra las costumbres familiares, iba contra la sociedad en sí –Tengo derecho a amar a alguien y a que alguien me ame, no soy una de tus vacas, soy una persona-
-Siéntate- le dijo Él en voz baja, jalando un poco su falda hacia abajo.
-Dime entonces ¿Quién es aquel a quien quieres amar? – dijo el abuelo con fuerte y seria voz
>>Que se calle, que se calle<< suplicó él en el pensamiento
Ella se sentó
-Eso pensé, no reclames si no tienes algo lógico que objetar, te doy tres meses para que elijas un hombre para tu vida, porque no permitiré que mi nieta pase como una mujer sin marido- dijo el abuelo
-¿Puede ser quien yo quiera?- preguntó
-Quien tú quieras, rico o pobre, flaco o gordo, alto o bajo, moro o blanco, no me importa, solo elijé alguien a quien tú crees amar. Pero una cosa si te digo, una vez tomada tu decisión no hay cambios, con él te casarás y tendrás que someterte a lo que sea mi voluntad- El abuelo terminó y entonces ella solo lo miró
-No quiero la cena de mañana- dijo
-Eso no te lo permitiré, no hay otros planes hechos- dijo el abuelo
-¿Cómo sabes que no hay planes hechos si no me lo has preguntado?- espetó ella
-Bien y que planes tienes-
-Iré a Arabia a comprar vestidos- dijo ella
-Pues en ese caso él tendrá que acompañarte- dijo el abuelo señalando a su cuidador de costumbre
Él la miró
-De acuerdo- aceptó ella
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