Ella llamó a su madre.
-Me quedaré con una amiga- le dijo
No iba a alejarse nunca más de él.
Era increíble como un solo día le había bastado para que él la convenciera de un gran amor, que aparte de todo ella sabía que sentía.
Su madre aceptó sin problemas.
-Tenemos muchos cuartos aquí donde te puedes quedar- dijo él –Algunos son enormes y otros no tanto, así puedes elegir el que te plazca, mi cuarto está en el segundo piso, en un momento te lo mostraré para que puedas llegar a él sin ningún problema, pues en alguna ocasión te perdiste en esta casa y no me gustaría que eso sucediera-
mientras caminaban por la casa él iba abriendo cada puerta, para mostrarle los cuartos y las habitaciones, estudios de música y pintura, era sin duda una casa única.
Subieron y llegaron al cuarto de él.
Abrió la puerta.
-Este es el mío- dijo dándole el paso a ella. –Puedes verlo, ya que en algún momento también fue tuyo-
Le pareció el más bonito que había visto. Era enorme, majestuoso.
Había varios cuadros pequeños, algunas pinturas, otras eran fotografías, viejas por supuesto, pero todas eran de ellos.
-Realmente nos encontramos siempre- dijo sorprendida
-Sí- aceptó
-Quiero este cuarto- dijo ella
-Mudaré mis cosas en un momento- dijo él
-Me refiero a que quiero quedarme contigo-
Él la miró
-No es la primera vez que me tientas de este modo-
-Tampoco va a ser la primera vez que me digas que no ¿verdad?-
-No- dijo él –Por supuesto que no será primera vez que logres un pecado en mí-
Ella se acercó rápidamente y con paso firme a él lo tomó por el cuello y lo acercó a su boca.
Con fuerza lo besó, ardiente tentación, fuego en la saliva, veneno que se extendía por sus entrañas, mordidas que llegaban al alma, su ropa rota caía al piso, habían vuelto harapos sus vestimentas. Las uñas de ella se enterraron en la espalda de él, él enredado en las caderas de ella, la fuerza, el impulso, el sudor y el calor llenaban la habitación. La arrastró a la cama, la envolvió en cobijas, las uñas de él se deslizaron en los brazos de ella, la quemaba por dentro, no podía con tanto, la música pasional llenó el lugar, el canto de una musa y la melodía de un ángel entrelazados en el placer.
Pasó una mano por la suave pierna de ella, su piel, siempre tan suave como sus blancas plumas que solo en una ocasión tuvo oportunidad de sentir. Sus claros ojos color miel dorada, que le daba sin duda el brillo para existir.
No podía arrepentirse de esto, nunca. La amaba y la iba a amar por siempre.
Eran sus profundos ojos negros los que le daban vida a un universo nuevo. Y de pronto como si fuesen destellos de pequeños brillos de luz dos hermosas alas se definieron en la espalda de él.
-Mírame- dijo él –Mírame-
Ella aparto la vista de aquellas hermosas alas que ya no existían y volvió a hundir en los ojos de él.
Desgarre de pasión y placer.
Una hermosa sirena plasmada en la voz y en el rostro de ella, le había robado lo que le quedaba de alma, si es que algo le quedaba de alma, si es que acaso algo le quedaba de espiritualidad y devoción hacia su Padre, estaba consciente que desde la primera vida de ella, había roto una regla, pero era inevitable no tenerla o no volverse de ella, su eterna manzana de la tentación, su eterno pecado y desborde de pasión.
¿Esto era lo que se había perdido durante sus años de vida en esta vida? Su piel blanca, tersa, su calor, su amor, sus cariñosas manos, el entrelace de sus cuerpos, verlo sudar de placer, la perfección de su cuerpo y ese hermoso destello de luz en su espalda.
El último impuso de fuerza sobre ella fue dado. El placer había llegado a su límite y el amor los había llevado al cielo.
-No necesito ir al cielo, si mi gloria eres tu- dijo él
Se abrazaron.
Ella se movió en las cobijas.
-Aléjate de mí- le dijo
-¿Qué? ¿Qué pasa?- preguntó él sin comprender
-Solo necesito espacio-
Él movió las cobijas
-No veas- le dijo ella
-Oye, oye, oye, tranquila, te prometo que esto es normal- le dijo
-Yo sé que es algo normal, pero me da mucha pena-
-No tiene porque darte pena, estoy acostumbrado-
Ella lo miró irritada.
-Ven, abrázame, a mí no me molesta ni me incomoda, ni nada-
Ella observó los hermosos ojos negros, se acercó a él.
-Espera- dijo él, buscó alrededor de la cama sus boxer´s
Entonces ella las vio, esas dos marcas en la espalda de él, casi formaban una V, de ahí nacían sus alas. Ella pasó una mano por una de las cicatrices.
Él se volteó, las pupilas las tenía dilatadas, ella retiró la mano, pero no supo descifrar la mirada de él.
-No hay nada que me cause más placer que eso- le dijo –Hasta ahora creo que es el segundo lugar más sensible de mi cuerpo- le explicó
-Lo siento- dijo ella
-No es un regaño, pequeña- Él sonrió –Te estoy simplemente diciendo lo que causas con ese pequeño roce en mi cuerpo-
-Me quedaré con una amiga- le dijo
No iba a alejarse nunca más de él.
Era increíble como un solo día le había bastado para que él la convenciera de un gran amor, que aparte de todo ella sabía que sentía.
Su madre aceptó sin problemas.
-Tenemos muchos cuartos aquí donde te puedes quedar- dijo él –Algunos son enormes y otros no tanto, así puedes elegir el que te plazca, mi cuarto está en el segundo piso, en un momento te lo mostraré para que puedas llegar a él sin ningún problema, pues en alguna ocasión te perdiste en esta casa y no me gustaría que eso sucediera-
mientras caminaban por la casa él iba abriendo cada puerta, para mostrarle los cuartos y las habitaciones, estudios de música y pintura, era sin duda una casa única.
Subieron y llegaron al cuarto de él.
Abrió la puerta.
-Este es el mío- dijo dándole el paso a ella. –Puedes verlo, ya que en algún momento también fue tuyo-
Le pareció el más bonito que había visto. Era enorme, majestuoso.
Había varios cuadros pequeños, algunas pinturas, otras eran fotografías, viejas por supuesto, pero todas eran de ellos.
-Realmente nos encontramos siempre- dijo sorprendida
-Sí- aceptó
-Quiero este cuarto- dijo ella
-Mudaré mis cosas en un momento- dijo él
-Me refiero a que quiero quedarme contigo-
Él la miró
-No es la primera vez que me tientas de este modo-
-Tampoco va a ser la primera vez que me digas que no ¿verdad?-
-No- dijo él –Por supuesto que no será primera vez que logres un pecado en mí-
Ella se acercó rápidamente y con paso firme a él lo tomó por el cuello y lo acercó a su boca.
Con fuerza lo besó, ardiente tentación, fuego en la saliva, veneno que se extendía por sus entrañas, mordidas que llegaban al alma, su ropa rota caía al piso, habían vuelto harapos sus vestimentas. Las uñas de ella se enterraron en la espalda de él, él enredado en las caderas de ella, la fuerza, el impulso, el sudor y el calor llenaban la habitación. La arrastró a la cama, la envolvió en cobijas, las uñas de él se deslizaron en los brazos de ella, la quemaba por dentro, no podía con tanto, la música pasional llenó el lugar, el canto de una musa y la melodía de un ángel entrelazados en el placer.
Pasó una mano por la suave pierna de ella, su piel, siempre tan suave como sus blancas plumas que solo en una ocasión tuvo oportunidad de sentir. Sus claros ojos color miel dorada, que le daba sin duda el brillo para existir.
No podía arrepentirse de esto, nunca. La amaba y la iba a amar por siempre.
Eran sus profundos ojos negros los que le daban vida a un universo nuevo. Y de pronto como si fuesen destellos de pequeños brillos de luz dos hermosas alas se definieron en la espalda de él.
-Mírame- dijo él –Mírame-
Ella aparto la vista de aquellas hermosas alas que ya no existían y volvió a hundir en los ojos de él.
Desgarre de pasión y placer.
Una hermosa sirena plasmada en la voz y en el rostro de ella, le había robado lo que le quedaba de alma, si es que algo le quedaba de alma, si es que acaso algo le quedaba de espiritualidad y devoción hacia su Padre, estaba consciente que desde la primera vida de ella, había roto una regla, pero era inevitable no tenerla o no volverse de ella, su eterna manzana de la tentación, su eterno pecado y desborde de pasión.
¿Esto era lo que se había perdido durante sus años de vida en esta vida? Su piel blanca, tersa, su calor, su amor, sus cariñosas manos, el entrelace de sus cuerpos, verlo sudar de placer, la perfección de su cuerpo y ese hermoso destello de luz en su espalda.
El último impuso de fuerza sobre ella fue dado. El placer había llegado a su límite y el amor los había llevado al cielo.
-No necesito ir al cielo, si mi gloria eres tu- dijo él
Se abrazaron.
Ella se movió en las cobijas.
-Aléjate de mí- le dijo
-¿Qué? ¿Qué pasa?- preguntó él sin comprender
-Solo necesito espacio-
Él movió las cobijas
-No veas- le dijo ella
-Oye, oye, oye, tranquila, te prometo que esto es normal- le dijo
-Yo sé que es algo normal, pero me da mucha pena-
-No tiene porque darte pena, estoy acostumbrado-
Ella lo miró irritada.
-Ven, abrázame, a mí no me molesta ni me incomoda, ni nada-
Ella observó los hermosos ojos negros, se acercó a él.
-Espera- dijo él, buscó alrededor de la cama sus boxer´s
Entonces ella las vio, esas dos marcas en la espalda de él, casi formaban una V, de ahí nacían sus alas. Ella pasó una mano por una de las cicatrices.
Él se volteó, las pupilas las tenía dilatadas, ella retiró la mano, pero no supo descifrar la mirada de él.
-No hay nada que me cause más placer que eso- le dijo –Hasta ahora creo que es el segundo lugar más sensible de mi cuerpo- le explicó
-Lo siento- dijo ella
-No es un regaño, pequeña- Él sonrió –Te estoy simplemente diciendo lo que causas con ese pequeño roce en mi cuerpo-
Con fuerza lo besó, ardiente tentación, fuego en la saliva, veneno que se extendía por sus entrañas, MORDIDAS QUE LLEGABAN AL ALMA, su ropa rota caía al piso, habían vuelto harapos sus vestimentas. LAS UÑAS DE ELLA SE ENTERRARON EN LA ESPALDA DE EL, él enredado en las caderas de ella, la fuerza, el impulso, el sudor y el calor llenaban la habitación. La arrastró a la cama, la envolvió en cobijas, las uñas de él se deslizaron en los brazos de ella, la quemaba por dentro, no podía con tanto, la música pasional llenó el lugar, el canto de una musa y la melodía de un ángel entrelazados en el placer....
ResponderEliminarno mms !! soy tu fan !!!! comprare todos tus libros lo juro !!! lml