jueves, 21 de julio de 2011

14.- Es por Amor

-¡¿Acaso te volviste loca?!- le gritó cuando estuvieron solos en el establo
-No-
-¡¿A Arabia?! ¡¿En verdad?!-
-No- Ella respondía con mucha tranquilidad
-¡¿NO?!-
-No. En realidad, vamos a uno de los manantiales de mi abuelo-
-Ahora me has convencido de que sí enloqueciste-
-Será divertido.-
-No- dijo él. Pero entonces cometió un error, la miró, miró esos suplicantes ojos.
-Por favor di que sí-
-De acuerdo, iremos- se rindió
-Pero hay una cosa más-
-Padre de todo lo creado ¿Ahora qué querrá la niña?-
-Quiero ir en un solo caballo-
-Sabes que eso no se puede, es arriesgarnos a que nos vean, aparte tu abuelo notará que solo tomamos un caballo y ahí sin duda a mí me tomará de esclavo y a ti te castigará a latigazos-
Ella torció la boca, pero sabía que él tenía razón
-De acuerdo, dos caballos, entonces saldremos mañana temprano- Dijo ella y así, rápidamente se acercó a él para robarle un beso.
Cayeron sobre la paja.
Ella desfajó la camisa de él y pasó una mano por la tersa piel de él. La cicatriz fue tocada por la suave mano de la joven
Aquello lo enloqueció, se acomodó entre las piernas de ella y metió una mano entre sus faldas, la entrepierna de ella fue rozada por las yemas de los dedos de él, la acariciaba con cuidado, con dulzura.
Aquello estaba mal, le estaba marcando la vida con aquello, ella se estaba deshonrando con el hecho de amarlo. Pero ninguno de los dos parecía sentir culpa, en absoluto.
-Paremos- dijo él, tomando una gran bocanada de aire –Paremos-
-¿Por qué?-
-Porque esto no está bien. Pídele a tu abuelo que te case conmigo y después hablaremos de esto, no quiero romper leyes-
-Si eso quieres, eso haré- dijo ella
Él se separó de ella.
-Pero lo haré después de volver del manantial- dijo y se paró de la paja, se acomodó la falda y se marchó del establo.
Él se quedo ahí, tirado en la paja, con un brazo sobre los ojos, reviviendo lo que acababa de suceder.
Arabia, un mes de viaje, mas una semana de estadía, más un mes de viaje de regreso.
Se sentó de un golpe ¡¿Dos meses fuera de casa?! ¡Se había vuelto loca!
Lo peor de todo es que ni siquiera tenía planes reales de ir a Arabia, ¿Pensaba quedarse dos meses en el manantial de su abuelo? No era como que le preocupara que el abuelo fuera al manantial, esas tierras nunca las visitaba pero ¿Es que acaso ella estaba dispuesta a correr ese riesgo? Aparte de todo ¿Pensaba realmente decirle a su abuelo que se quería casar con él regresando de su alocada aventura?
-¿Qué estoy haciendo Padre?- preguntó tirándose de nuevo en el fajo de paja. Cerró los ojos
-Has escogido un alma rebelde para tu existencia, hijo. Has decidido amar a la locura y estar cerca de la pasión, fue tu decisión el día en que le regresaste la vida. No te arrepientas de amar, arrepiéntete de los pecados que puedas tener. Si la amas como dices no claudiques en el deseo. Será tu eterna musa, por lo tanto tendrás que conocerla y estar seguro de quien es ella-
Abrió los ojos y corrió a casa.
Ella estaba por entrar.
La tomó por el brazo y la jaló hacia adentro de la casa.
El abuelo estaba ahí sentado haciendo nada cuando los vio entrar a toda prisa y plantarse frente a él
-Ella ha tomado una decisión- dijo él
-¿A qué te refieres?- preguntó el abuelo
Ella lo miraba desesperada. No es que no quisiera decírselo al abuelo, es que le causaba terror y miedo hacerlo. Pero se encontró con los profundos ojos negros de su cuidador y eso la llenó de confianza. Volteó a ver a su abuelo.
-He decidido con quien me quiero casar- dijo, firme, segura, mirando a su abuelo directamente a los ojos.
-Dímelo ahora- exigió el hombre
-Me quiero casar con él- dijo señalando al joven que aún la tenía sujeta de la muñeca. –Me has dicho que puedo elegir a quien me plazca y él es quien me place, él es el hombre que quiero para hacer una familia- Terminó ella
El abuelo paso una, dos, tres veces la mirada de uno al otro y viceversa.
-¿Tú quieres lo mismo que ella?-
Pocas veces se les daba esa oportunidad a las mujeres y en pocas ocasiones se les preguntaba a los hombres si estaban de acuerdo con ello, aparte de que normalmente eran los hombres mayores lo que elegían a las mujeres más jóvenes.
-Sí señor, estoy de acuerdo-
El abuelo se levantó de donde estaba sentado y después caminó a su habitación sin decir una palabra más, pero sin embargo los volteó a ver un par de veces antes de perderse en el pasillo hacia su habitación.
-¿Por qué hiciste eso?- le dijo ella enojada
-Hay que hacer las cosas bien. Tú quieres estar conmigo tanto como yo quiero estar contigo, quieres besarme sin escondernos y poder estar juntos por las noches ¿No? Entonces hagámoslo del modo adecuado-
Ella lo miró, por un lado sabía que él tenía razón, pero por otro lado sabía que lo más seguro es que a su abuelo le estuviera dando un ataque de ira al saber aquello, se sentiría decepcionado, tal vez hasta deshonrado, se trataba prácticamente de sus dos hijos y ahora resultaba que se querían casa.
-¿Qué ha pasado?- preguntó su madre que bajaba las escaleras
-Nos queremos casar- dijo ella como si fuera la cosa más normal del mundo
-¡¿Cómo?!- su madre abrió muchísimo los ojos
-Queremos casarnos- dijo él, que aun sujetaba a la niña de la muñeca
-¿Por qué?- preguntó la mujer un poco extrañada
-Porque nos amamos- dijeron al mismo tiempo
Ellos se miraron y sonrieron.
-¿Se lo han dicho a tu abuelo?- preguntó la mujer viendo a su hija
-Si, hace unos segundos-
-Voy a verlo, seguramente ha de estar muy confundido- 

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