viernes, 22 de julio de 2011

15.- Alas

La tenía entre sus brazos
-¿Por qué puedo ver tus alas?- le preguntó ella
-¿Cómo qué puedes ver mis alas?- preguntó él algo confundido –Eso nunca antes ha pasado-
-Vi tus alas, lo prometo. Había destellos de pequeños brillos formando dos enormes y hermosas alas abiertas  unidas a tu espalda- le dijo
Él la miró confundido, se hundió en la miel dorada de sus ojos, trataba de ver sus alas en los ojos de ella.
-Las extrañas ¿No es así?-
Él volteó a ver al techo
-Sí, mucho-
-¿Me cambiarías por ellas?-
-¡No! ¡Nunca! No vuelvas a decir eso-
-¿Cómo sabes que nunca te dirán que tus alas regresarán si tú haces algo en contra mía?-
-Soy tú ángel de la guarda, mi juramento es protegerte, nunca podré dañarte, nunca, ni siquiera por un par de alas, no me interesan si no estás tú para compartirlas conmigo, no me interesan un par de alas-
-¿No extrañas volar?, ¿No extrañas sentir el aire sobre tu rostro? ¿Ver todo desde las alturas? ¿No extrañas ser invisible?-
-No, no extraño volar porque tú casa vez que estás cerca de mí me llevas al cielo, no extraño el viento sobre mi rostro, porque cuando tenía alas no tenía sentido del tacto, no extraño ver todo desde las alturas porque ahora poseo una maquina que vuela, y no, no extraño ser invisible, porque de seguir en mi calidad de ángel nunca hubiera visto esos hermosos ojos que tú tienes mirarme, amarme, guiarme, suplicarme, nunca los hubiera visto llorar, vivir y morir, porque aunque no lo creas en cada una de tus etapas has sido hermosa, aún cuando te tenga que perder con frecuencia, ha sido hermoso tenerte a mi lado, que me toques y me mires, poder sentirte, respirarte, tocarte, mirarte, hacer el amor. No me arrepiento de nada-
Ella sonrió y luego se estiró un poco para besar los labios del ángel.
El día llego.
Él abrió los ojos, la vio, era suya de nuevo, no había nada que fuera a cambiar aquello. Estaba ahí abrazada a su pecho, besó su cabello, lo comprendía, después de tantos años sus alas casi había desaparecido de su memoria y justo es ese momento se preguntó algo que nunca le había pasado por la cabeza ¿Cómo podía extrañar algo que  nunca había sentido? ¿Cómo podía extrañar algo que lo primero que le hizo sentir en su vida fue dolor? Porque eso fue lo primero que sintió teniendo sus alas, dolor, en el momento en que se desprendían de su cuerpo.
Se movió con lentitud para abrir un cajón, de la mesita de noche, que estaba junto a la cama.
Paseó la mano por una de las esquinas del cajón y ahí sintió la pequeña cajita de terciopelo, la tomó y con el dedo gordo la abrió.
Una hermosa piedra azul brilló, a cada lado de ella dos pequeños diamantes, y la plata fina y antigua unía a las piedras en un anillo.
Apoyó la cajita sobre su estomago, con cuidado de no tocar a la mujer que lo abrazaba para no despertarla.
Tomó el anillo y cerró la cajita.
La mano izquierda de su acompañante era la que reposaba en su pecho, el dedo corazón estaba vacío, pero eso pronto cambiaría.
La sortija adornó el fino dedo de la joven, después de que el ángel con cariño lo colocó, con suavidad, en el.
El terso roce de la piel de él, la despertó, sonrió. Paseó un poco la mano sobre el pecho del ángel y luego lo notó, había algo en su mano que la noche pasada, sin duda, no estaba.
Miró el aro que rodeaba su dedo corazón.
-¿Y esto?- Preguntó maravillada con su nuevo tesoro
-Ha sido tuyo mucho tiempo- respondió él
-¿Cada vez que muero me lo quitas y lo guardas esperando a que vuelva?-
-Pues planteándolo así, se escucha feo, pero sí, así es. Creo que es más valioso por el tiempo y los recuerdos que tiene que por lo que por el valor material que pueda tener-
-Me encanta- dijo ella y sonrió –Me pregunto ¿Qué procede ahora?-
-Pues iremos a ver a tu madre, para que diga lo que opina-
-¿Así tan rápido?-
-Es que creo que entre menos tiempo perdamos pues es mejor?- dijo él sonriendo
-De acuerdo entonces hagámoslo ya-
Ella saltó de la cama, él observó el escultural cuerpo de su amada, la alegría de ella.
-Tengo que cubrirme con algo- dijo ella
-Hay ropa que seguramente te queda en el closet- dijo
-¿De qué año?-
-No te preocupes cada tres años los renuevo por si tu regresas, así que tienes ropa nueva, es del año pasado-
Ella emocionada corrió al gran closet y ahí casi le pareció increíble la cantidad de ropa que había.
-¿Me puedo bañar?-
-Nos podemos bañar- afirmó él
El agua caliente cayó sobre sus cuerpos, jugaban, se enjabonaban, se besaban, paseaban con cariño las manos por el cuerpo del otro, se amaron.
La ropa interior que traía la noche pasada fue lo único que volvió a utilizar.
Luego se hizo una cola de caballo en su largo cabello y se volteó hacia él, que al igual que ella estaba listo para salir de la casa.
-¿Estás seguro de esto?-
-Tú no estás segura-
-Claro que lo estoy-
-Perfecto, ahora dime como llego a tu casa-

No hay comentarios:

Publicar un comentario