La temperatura había bajado y lo único que le brindaba un poco de calor eran las blancas plumas que estaban a su alrededor.
-Niño- le dijo un hombre, ya era mayor
Abrió los ojos aquello le lastimó, la luz fue demasiado fuerte para sus ojos y los colores pintaban cada figura, el no los conocía, pero había escuchado de ellos.
-¿Te encuentras bien?- le preguntó el hombre
Vio su cuerpo, su piel no era igual que la del hombre que le hablaba
-No lo sé- respondió un tanto confundido
-Niño estás cubierto de sangre- le dijo un tanto aterrado el señor
Eso lo había visto, pero tampoco sabía de qué color tenía que ser el liquido salido de la piel de los humanos cuando se lastimaban
-Ven conmigo, te ayudaré-
-Gracias- dijo pero entonces no quiso pararse –Estoy desnudo-
El señor se quitó la chamarra que traía puesta y se la tendió, el hombre era más alto que él.
-Póntela- le dijo
Se sintió extraño con aquel peso sobre sus hombros, pero lo agradeció, la mañana era fría, aunque él no sabía lo que era aquello. Quería compararlo con el dolor sentido la noche pasada, pero no había nada que comparar
-¿De dónde vienes?- preguntó el hombre
Y él no tuvo nada más que responder más que
-Del cielo-
-Todo venimos de ahí y ahí todos regresaremos, y por lo visto tú ayer estuviste bastante cerca de volver- le dijo el hombre
Se sintió con ganas de decirle al hombre que lo más seguro es que él nunca regresara a ese lugar pero prefirió guardar silencio.
Entraron en una gran casa, hecha de madera.
Y allí estaba, una mujer sentada en una silla, con una criatura en brazos pegada a su pecho. Recordaba a aquella mujer.
Siguieron de largo.
-¿Es su hija?- le preguntó al hombre
-La bebé es mi nieta, su madre es mi hija- respondió
-Los sirvientes te asearan luego podrás comer un poco, seguro tienes hambre. ¿qué sabes hacer? ¿Tienes trabajo o un lugar al cual regresar?- le preguntó el señor
-No señor, ni trabajo, ni familia ni nada-
-En ese caso ya veré en que te ocupo, tú no te preocupes, ahora estarás bien- le dijo con voz cálida el hombre
-Muchas gracias-
-Tú no te preocupes- y después de esto el sujeto sonrió
Una mujer regordeta vino a su encuentro.
-Venga conmigo joven- le dijo con voz suave –Yo me encargaré de él- dijo dirigiéndose al anciano
-Muy bien- asintió este –ve con ella, cuidará y consentirá de ti- le dijo
-Niño- le dijo un hombre, ya era mayor
Abrió los ojos aquello le lastimó, la luz fue demasiado fuerte para sus ojos y los colores pintaban cada figura, el no los conocía, pero había escuchado de ellos.
-¿Te encuentras bien?- le preguntó el hombre
Vio su cuerpo, su piel no era igual que la del hombre que le hablaba
-No lo sé- respondió un tanto confundido
-Niño estás cubierto de sangre- le dijo un tanto aterrado el señor
Eso lo había visto, pero tampoco sabía de qué color tenía que ser el liquido salido de la piel de los humanos cuando se lastimaban
-Ven conmigo, te ayudaré-
-Gracias- dijo pero entonces no quiso pararse –Estoy desnudo-
El señor se quitó la chamarra que traía puesta y se la tendió, el hombre era más alto que él.
-Póntela- le dijo
Se sintió extraño con aquel peso sobre sus hombros, pero lo agradeció, la mañana era fría, aunque él no sabía lo que era aquello. Quería compararlo con el dolor sentido la noche pasada, pero no había nada que comparar
-¿De dónde vienes?- preguntó el hombre
Y él no tuvo nada más que responder más que
-Del cielo-
-Todo venimos de ahí y ahí todos regresaremos, y por lo visto tú ayer estuviste bastante cerca de volver- le dijo el hombre
Se sintió con ganas de decirle al hombre que lo más seguro es que él nunca regresara a ese lugar pero prefirió guardar silencio.
Entraron en una gran casa, hecha de madera.
Y allí estaba, una mujer sentada en una silla, con una criatura en brazos pegada a su pecho. Recordaba a aquella mujer.
Siguieron de largo.
-¿Es su hija?- le preguntó al hombre
-La bebé es mi nieta, su madre es mi hija- respondió
-Los sirvientes te asearan luego podrás comer un poco, seguro tienes hambre. ¿qué sabes hacer? ¿Tienes trabajo o un lugar al cual regresar?- le preguntó el señor
-No señor, ni trabajo, ni familia ni nada-
-En ese caso ya veré en que te ocupo, tú no te preocupes, ahora estarás bien- le dijo con voz cálida el hombre
-Muchas gracias-
-Tú no te preocupes- y después de esto el sujeto sonrió
Una mujer regordeta vino a su encuentro.
-Venga conmigo joven- le dijo con voz suave –Yo me encargaré de él- dijo dirigiéndose al anciano
-Muy bien- asintió este –ve con ella, cuidará y consentirá de ti- le dijo
Después de mil sensaciones, entre el agua, el estropajo sobre su piel, que los ojos le ardieran por el jabón que dejó entrar, si querer en ellos, y un retortijón dentro de su estomago, se sentó a la mesa, junto al hombre que lo había encontrado en el campo.
-Bienvenido-
-Gracias- dijo él
Tenían a la bebé recostada en un moises de paja tejida.
-¿Me permite ver a su nieta?- le preguntó al hombre
-Por supuesto, acércate a ella- le dijo
Se paró de la mesa, y se asomó a la cama de la niña.
Hubiera jurado que aquella pequeña criatura era tan grande que cabría perfectamente entre su muñeca y el codo.
Tenía la piel canela, casi dorada, con unos enormes ojos color miel dorada, y un tupido cabello color castaño oscuro.
Le pareció hermosa, de hecho era la humana más linda que él había visto jamás.
Tal vez porque podía apreciar la tonalidad de su piel ó el brillo de sus ojos y su cabello, no lo sabía pero era ella, lo que le acababa de dar un sentido a estar pasando por aquel martirio.
-¿La puedo tocar?- preguntó
Y entonces la madre de la niña se acercó, la sacó de donde estaba y con dulzura se la extendió, él acomodó los brazos en forma de nido para recibirla.
La madre con cuidado acomodó a la pequeña en su nuevo cuidador.
Le pareció frágil, demasiado, no había peso alguno en ella, y entonces recordó las plumas que lo rodeaban esa mañana, ella era tan suave como sus amadas plumas, tersa, eso era lo que había heredado de él, la suavidad de su piel.
Ella lo miraba, como si supiese de quien se trataba.
>>Te voy a amar por siempre<< pensó y la pequeña, como si hubiera escuchado aquel pensamiento, le sonrió.
-Bienvenido-
-Gracias- dijo él
Tenían a la bebé recostada en un moises de paja tejida.
-¿Me permite ver a su nieta?- le preguntó al hombre
-Por supuesto, acércate a ella- le dijo
Se paró de la mesa, y se asomó a la cama de la niña.
Hubiera jurado que aquella pequeña criatura era tan grande que cabría perfectamente entre su muñeca y el codo.
Tenía la piel canela, casi dorada, con unos enormes ojos color miel dorada, y un tupido cabello color castaño oscuro.
Le pareció hermosa, de hecho era la humana más linda que él había visto jamás.
Tal vez porque podía apreciar la tonalidad de su piel ó el brillo de sus ojos y su cabello, no lo sabía pero era ella, lo que le acababa de dar un sentido a estar pasando por aquel martirio.
-¿La puedo tocar?- preguntó
Y entonces la madre de la niña se acercó, la sacó de donde estaba y con dulzura se la extendió, él acomodó los brazos en forma de nido para recibirla.
La madre con cuidado acomodó a la pequeña en su nuevo cuidador.
Le pareció frágil, demasiado, no había peso alguno en ella, y entonces recordó las plumas que lo rodeaban esa mañana, ella era tan suave como sus amadas plumas, tersa, eso era lo que había heredado de él, la suavidad de su piel.
Ella lo miraba, como si supiese de quien se trataba.
>>Te voy a amar por siempre<< pensó y la pequeña, como si hubiera escuchado aquel pensamiento, le sonrió.
-¿En que piensas?- le preguntó ella
Y él salió de su profundo recuerdo
-En ti- respondió
Ella prefirió ya no decir nada al respecto, opto por acostumbrarse a esos extraños comentarios de él, que le hacían pensar que la conocía más allá de lo que ella pensaba.
Una gran casa los esperaba al final del sendero tomado, era un camino hermoso, con frondosos árboles a cada extremo, flores y arbustos tupidos.
Le pareció que todo aquello ya lo había visto antes. Lo sintió como si fuera de ella.
-Que hermosa casa- dijo
-Sí, existe hace un par de siglos la adquirimos hace dos siglos- dijo él
¿La adquirimos? ¿A quién exactamente se refería él? Seguramente se trataba de antepasados de él, familiares que en épocas pasadas habían comprado y construido en aquella propiedad.
-Obviamente con el tiempo hay que irle haciendo remodelaciones, y dándole cierto mantenimiento, pero cada vez que se agranda o se remodela adopta un estilo diferente- explicó
Y él salió de su profundo recuerdo
-En ti- respondió
Ella prefirió ya no decir nada al respecto, opto por acostumbrarse a esos extraños comentarios de él, que le hacían pensar que la conocía más allá de lo que ella pensaba.
Una gran casa los esperaba al final del sendero tomado, era un camino hermoso, con frondosos árboles a cada extremo, flores y arbustos tupidos.
Le pareció que todo aquello ya lo había visto antes. Lo sintió como si fuera de ella.
-Que hermosa casa- dijo
-Sí, existe hace un par de siglos la adquirimos hace dos siglos- dijo él
¿La adquirimos? ¿A quién exactamente se refería él? Seguramente se trataba de antepasados de él, familiares que en épocas pasadas habían comprado y construido en aquella propiedad.
-Obviamente con el tiempo hay que irle haciendo remodelaciones, y dándole cierto mantenimiento, pero cada vez que se agranda o se remodela adopta un estilo diferente- explicó
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